Ya no sé por qué lloro, pero no puedo parar

         Hace la pila de años escuché, de boca de uno de mis amigos, esta anécdota del hijo pequeño de un amigo, que, entre hipidos y lágrimas, decía este encabezado, realmente compungido: Ya no sé por qué lloro, pero no puedo parar.

        Y lo he recordado ahora porque me está pasando un poco lo mismo. A ver qué opináis: Llevo toda la vida asociándome a todo tipo de clubes, sociedades, incluso más de un sindicato y algún partido político, por aquello de que no puedo estarme quieta y unas veces aprendo -que me encanta aprender- y otras veces hago de capitán araña, que también me encanta. 

        Así que, en cuanto me jubilé -también un poco antes, pero sobre todo cuando me jubilé- empecé a participar en diferentes eventos de mi pueblo. Y empecé con hacerme socia de un cineclub que funcionaba desde hacía diez años, y con el que veíamos una peli quincenal en el salón de actos de la Casa de la Cultura Que, por lo que a mí se me alcanza, se llama así porque debe dedicarse precisamente a la cultura . Bien. Cambio de gobierno municipal, y los nuevos nos dicen  que no hay sala para el cine". En off, nos enteramos de que "éramos una panda de rojos (?)". Bien. Tenemos también una recogida de basuras -a la que nos apuntamos rápidamente Salva y yo- selectiva, con papel, cristal, plástico, etc, separado, puerta a puerta. También la quitan, "porque es muy cara". Pero para compensar, se monta una Escuela de música entre varios vecinos del pueblo, y a eso el nuevo Consistorio dice que sí, que no todo van a ser fútbol y toros y que la financia con una subvención. Por fin!. ¿Nos están quitando cultura con una mano pero nos la dan con la otra? Craso error. Porque entonces hay una moción de censura, y empieza un tira y afloja con los nuevos con temática del estilo "Esto nosotros no lo habíamos prometido"(cierto), "Esto es muy difícil"(no es cierto), "Esto es mucho dinero"(no es cierto)... hasta que los promotores de la asociación se rinden y renuncian a negociar con el ayuntamiento. Y yo que estaba apuntada al coro, veo cómo se van por el desagüe mis ejercicios de vocalización, mis respiraciones desde el diafragma, mis discordancias tonales o como se llamen y la pila de cosas nuevas que estaba aprendiendo. Adiós también a la pandilla de la caña que nos tomábamos después de cada ensayo, los sábados por la mañana, y que tan divertida era. 

        Y por qué este título? ¿Dónde está el "No puedo parar"? Pues he recordado el episodio porque, visto que me he quedado sin coro, he solicitado al ayuntamiento permiso para entrar en el archivo y buscar datos para escribir un libro sobre la vida cotidiana en este mi pueblo  antes de que llegara la "modernidad". Traduciendo: Antes de que se mueran los viejos que fueron en su día canteros, ganaderos y otras vidas por oficio, parafraseando a Caro Baroja. Antes de que estos pueblos, en suma, fueran ciudades dormitorio de la gran urbe, llenos de urbanizaciones con jardín donde la gente -que en realidad tiene bastante pasta- no aprende nada del campo, aunque viva en el campo, porque el jardín se lo cuida un jardinero y no tiene pajolera idea de qué árboles le ha plantado el vivero cuando se lo ha diseñado, y no conoce a la gente del pueblo porque sólo van los findes o, si viven todo el año, sólo van a casa a dormir. Y hay mucho perro, eso sí, porque si vives en el campo tienes que tener un perro, pero tampoco es que los perros obedezcan a sus dueños porque no tienen pajolera idea de cómo educarlos (yo tampoco, pero mi hija sí, afortunadamente). 

A ver si me dan ese permiso, porque, realmente, no puedo parar, pero me gustaría que la primera parte (la del lloro) por una vez no se cumpliera. Porque ya me ha pasado demasiadas veces.


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