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Mostrando entradas de marzo, 2026

Ya no sé por qué lloro, pero no puedo parar

            Hace la pila de años escuché, de boca de uno de mis amigos, esta anécdota del hijo pequeño de un amigo, que, entre hipidos y lágrimas, decía este encabezado, realmente compungido: Ya no sé por qué lloro, pero no puedo parar.           Y lo he recordado ahora porque me está pasando un poco lo mismo. A ver qué opináis: Llevo toda la vida asociándome a todo tipo de clubes, sociedades, incluso más de un sindicato y algún partido político, por aquello de que no puedo estarme quieta y unas veces aprendo -que me encanta aprender- y otras veces hago de capitán araña, que también me encanta.            Así que, en cuanto me jubilé -también un poco antes, pero sobre todo cuando me jubilé- empecé a participar en diferentes eventos de mi pueblo. Y empecé con hacerme socia de un cineclub que funcionaba desde hacía diez años, y con el que veíamos una peli quincenal en el salón de actos de l...

La historia de la raja de merluza

     Hace un par de días estaba yo en una terraza de Moralzarzal cuando pasó por allí mi excuñado/camarada/amigo Fernando, y pegamos la hebra un ratito. Un largo ratito, porque Fernando es de los que hay que decirle déjame hablar  para poder meter baza; detalle, entre otros muchos, por el que creo que "amigaba" tan bien con mi marido, parco en palabras donde los hubiera.           Pues estábamos allí en la terraza con el rico solecito que tan poco se prodiga estos días, y me vino a la cabeza la historia de la raja de merluza, quizás porque algunos días antes me había topado en uno de los súper a los que voy (como lo que tengo es tiempo, alterno dos súper de los muchos que hay en la zona con las tiendas del pueblo, según lo que quiera comprar) con una merluza que "estaba viva", según lenguaje de los pescaderos, y que vendían por rajas, evento realmente raro porque ahora, cuando los empleados de los súper no saben nada de pescado, venden l...