Mirándome el ombligo una tarde de sol
Releyendo mi entrada Volvemos al cole sobre el retorno a mis clases desde las vacaciones de navidad o quizá desde mi infancia, no sé muy bien, he comprobado que las palabras tienen su propia personalidad y su propia entidad, una vez las has puesto en el papel y les has dado vida, y van a donde quieren. Porque yo quería hablar de mi nostalgia, de la magia que suponían para mí los dibujos cuando estaba en el colegio, y lo que me impresionaban las cosas dibujadas más que las cosas habladas o las cosas leídas, y sin embargo acabé hablando de la importancia que tenemos los viejos, o del protagonismo que queremos tener los viejos en la sociedad. Y esto me ha recordado a su vez una historia del Ateneo, porque dos de mis amigos, Fernando y Salvador ( otro Salvador), escribieron una obra de teatro muy filosófica, muy teológica, en la que todos los personales eran curas. Pero hablando de cómo la habían es...