Ya no sé por qué lloro, pero no puedo parar
Hace la pila de años escuché, de boca de uno de mis amigos, esta anécdota del hijo pequeño de un amigo, que, entre hipidos y lágrimas, decía este encabezado, realmente compungido: Ya no sé por qué lloro, pero no puedo parar. Y lo he recordado ahora porque me está pasando un poco lo mismo. A ver qué opináis: Llevo toda la vida asociándome a todo tipo de clubes, sociedades, incluso más de un sindicato y algún partido político, por aquello de que no puedo estarme quieta y unas veces aprendo -que me encanta aprender- y otras veces hago de capitán araña, que también me encanta. Así que, en cuanto me jubilé -también un poco antes, pero sobre todo cuando me jubilé- empecé a participar en diferentes eventos de mi pueblo. Y empecé con hacerme socia de un cineclub que funcionaba desde hacía diez años, y con el que veíamos una peli quincenal en el salón de actos de l...