El valor de un casi
Este verano, como los últimos veranos, mi hija se ha ido a un país semiexótico, a un viaje exótico -ése sí- porque la aventura consiste en tratar de convivir durante un mes con comunidades lo más autosuficientes, lo más autogestionadas, -lo menos "modernas"- posibles, para aprender y comprobar en carne propia que los "diferentes" son, efectivamente, diferentes, pero no inferiores ni ignorantes, que tienen cosas que aportar y que, sobre todo, se merecen el respeto que se merece toda estructura social llamada cultura, aunque no sea la nuestra. Fuera etnocentrismo, en definitiva, que no nos deja ampliar la mente a otros pensamientos y otras experiencias. Y en eso están. La cosa empezó, para mi hija, el año del covid. Llevaba tiempo lloriqueando porque sus amigos de la facultad se pasaban todo el año ahorrando en trabajos de m... para irse en verano de cooperantes, pagándose el viaje ellos, naturalmente (para es...