Llegó para quedarse, y se llama Relato

        Haciendo una de mis últimas entradas en este blog sobre El loco de Dios en el fin del mundo, venia a cuento un comentario sobre El corazón del laberinto de José Luis Pinillos, y me picó el prurito de releerlo, porque lo recordaba muy interesante. JL Pinillos era su catedrático de psicología que se ha dedicado en este libro a resumir, en su opinión,  las fases que ha tenido el pensamiento crítico en estos últimos siglos, y así ha llegado a la posmodernidad. Estamos en la posmodernidad, que es el último episodio humano histórico de comunicación que define la edad contemporánea, por lo que estoy viendo.

        Y hay un capitulito muy esclarecedor sobre nuestro modelo -de vida, de comunicación,  del hoy y  ahora -que yo, que me encanta la política, enseguida he asociado con los debates del Congreso,  el "relato" de Podemos y otras desgraciadas actualidades de nuestros políticos-. Ese capitulito se llama La sociedad del simulacro, y en esa sociedad del simulacro Baudrillard, un importante filósofo, lo que viene a decir es que, analizando la nueva sociedad y la importancia de los medios de comunicación (y aquí incluyo las redes sociales), que son ahora mismo los que marcan la pauta de todo, te das cuenta de que la realidad ya no cuenta. Porque cuenta la imagen, el relato, las antiguas apariencias elevadas al nivel de categoría y sacadas de su estatus burgués para llevarlas a un plano filosófico universal (esto es mío).

        Porque, dice Baudrillard, cuando compras un producto no compras un producto, sino que compras la marca, y la marca ES la que define tu estatus.  Muy cierto. Todavía recuerdo cuando una vez, en el IVIMA, discutí con  varios compañeros que me parecía una estupidez que los bolsos de Tous fueran tan caros porque eran de plástico, y sólo me supieron decir las adictas -que eran muchas- que es que están muy bien diseñados por dentro. Plástico puro, marca de moda: Carísimos, y sin rechistar. Y esto me ha recordado también algo que leí no hace mucho, y es que en USA están de moda los Starbucks (que todo el mundo sabe que son carísimos) porque han elevado el café a una categoría casi casi de producto de lujo, a cuento de defender una filosofía: Dicen que son tan caros porque pagan muy bien a sus empleados y se dirigen a un público que esté de acuerdo con los principios de comercio justo y empresas justas. Pero la última moda en USA no es ir a un Starbucks, según ese artículo,   sino ir a un Starbucks con un libro en la mano o bajo el brazo, porque eso ya te da el marchamo de intelectual, incluso de intelectual importante.

        Y eso me ha hecho dar otro salto en el tiempo y recordar un comentario de un amigo sobre un anuncio de El Corte Inglés en los años noventa, que era, a la sazón,  Pasa de todo, pero no pases de moda. Que no sé si viene a cuento, pero la memoria es traidora y el cerebro tiene razones que el corazón no entiende.

        Y voy terminando, porque  a mí lo que me encanta es ver cómo mis deducciones sobre el mundo en el que vivimos de que las modas son lo más importante, o que la sociedad de consumo son todo signos porque rascas y no hay nada detrás, me puede llevar tanto a los filósofos griegos que cuestionaban la realidad tal y como la entendíamos como a los literatos que crean personajes que a su vez se hacen reales, o, rizando el rizo, personajes que crean mundos y se trasladan a ellos, como en la penúltima (creo que es la penúltima) novela de Murakami que estoy leyendo. 

        Porque pensar es muy divertido, aunque sean ideas inconexas, y saltar de unas cosas a otras cuando se trata de pensar, aparte de divertido, aclara mucho cómo es el mundo real y dónde estás tú en ese mundo y, quizás, qué papel puedes interpretar para hacerlo un poco más entendible.

        Filósofa estoy. A ver si se me pasa.



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