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Mostrando entradas de noviembre, 2025

No es una novela, no es un reportaje, pero sé lo que es: Es bueno

                   Una vez, leyendo una entrevista a Juan Madrid, leí que decía de Días contados , mi novela favorita, que algunos amigos le habían aconsejado, cuando se la había dado a leer, que la acortase, que sobraban páginas. Y les hizo caso, y la novela tal y como vio la luz me parece redonda. Algo parecido me sucede con las obras de Javier Cercas, pero al revés. Creo que les sobran páginas, al menos a las que yo he leído (que no son muchas, lo reconozco).           También es cierto que  cuando leí Soldados de Salamina ya me llovía sobre mojado: la misma sensación de que sobraban páginas me venía persiguiendo en novelas de Javier Marías o Belén Gopegui; novelas que a menudo me gustaban, pero sólo me sacaban un psch por el alargar, y alargar, y alargar situaciones que no aportaban. Y no es que yo crea que una novela debe tener una dimensión concreta, pero parece que, en literatura al menos, ...

El siglo de las luces

          Si tuviera que hacer alguna diferencia entre literatura de la península y literatura latinoamericana, diría que se basa en dos aportaciones que hace la literatura de allá a la literatura en castellano. Una es el realismo mágico, que ya está más que estudiado, y la otra es la exuberancia  en las narraciones y descripciones, al menos en aquellos países que tienen otra exuberancia natural como es la selva, exuberancia que no tiene nada que ver con la saturación lingüística con la que pretenden lucirse algunos autores que se dedican a poner un adjetivo detrás de otro hasta que hacen de cualquier descripción algo absolutamente farragoso e indescriptible, paradójicamente.           Pero volvamos a la otra exuberancia. Porque su máximo exponente creo que es El siglo de las luces, de Carpentier, y de él quiero hablar. Creo que me ha estado esperando tantos años, tan quietecito en su estante de la librería del salón, sin ...

Un año de mierda

        Acabo de volver de mi segunda clase de lenguaje musical, en el centro cultural del ayuntamiento de mi pueblo y me he vuelto a acordar, como me ocurrió con la primera, mi leve, pero precioso, paso por el Conservatorio. El Real Conservatorio de Música, que así se llamaba, estaba entonces en la plaza de Isabel II, compartiendo edifico con el Real, el teatro de conciertos de aquellos años. Me había matriculado en horario de mañana porque la tarde la iba a tener completa con las clases de la universidad, en mi primer curso de Ciencias Políticas, o eso creía yo.         A mí por aquel entonces me gustaba toda la música, en general -más o menos como ahora-  así que no me importó que en el Conservatorio me obligaran a hacer un curso de solfeo antes de estudiar piano: Solfear también era precioso. Aunque lo que más me gustaba eran mis compañeros de clase. Porque allí estaban los dos típicos cursis, treintañero con un poco de barriguita y ...