El vaso campaniforme

         Hace escasamente una semana vino mi jardinero a podar alguna rama que se pasaba al jardín del vecino o estorbaba la luz de la farola de la plaza, trasplantar algún que otro rosal y comenzar con los antihierbas y los productos contra la roya de los rosales. No creáis que tengo jardinero "estable", ni soy tan rica ni quiero que me hagan las cosas que me gustan. A mí sólo me interesa que me hagan lo que no me gusta, como limpiar el polvo o planchar, todas ellas tareas domésticas de lo más "mujer de su casa" (ya no se recuerda esta expresión, pero cuando yo era adolescente te la grababan a fuego en el cerebro). Pero retomando el hilo, "mi" jardinero sólo viene un par de veces al año a recortar los setos, arreglar el riego automático y cavar trincheras para los nuevos arbustos, o los antiguos a los que he encontrado un sitio nuevo. Básicamente lo que hacía Salva, pero prefiero cerrar este hilo.

        Y retomando el relato, vino el jardinero y se me ocurrió sobre la marcha que también podía cortarme una rama de la preciosa altea que tengo en un lateral, no porque no fuera bonita -la rama- o estuviera seca, sino porque estorbaba para que crecieran las alteas que había alrededor, hijas de la anterior: Les quitaba luz y espacio. Así que la cortó, y casi automáticamente se me vino a la cabeza que aquella altea tenía la forma del vaso campaniforme que estudié en el cole, y que siempre me encantó: Su forma, su nombre, y hasta su origen (Portugal y Andalucía). Muy patriota, yo.

        Pero siguiendo con esta narración (que realmente no sé adónde me va a llevar),  cuando ayer vinieron dos amigos a casa, Alex, mi director del coro ya desaparecido, y Nerea, mi profesora de piano -no desparecida, afortunadamente- estuvimos bromeando sobre que éramos una representación ideal de la izquierda, porque mi profe del coro contó que justo cuando llegó a España a los 18 años (es suizo) le pilló justo el 23F, y como le habían avisado sus coleguis políticos de lo que estaba pasando en España, cuando pensó que le iba a parar un policía y pedirle la documentación, tiró a una alcantarilla su carnet de la Liga Comunista Internacional, que tenía en el bolsillo, por si acaso. Y entonces mi profe de piano se animó y contó a su vez, reivindicando sus orígenes de izquierdas, que ella más, porque su abuelo había sido fundador de ETA cuando ETA, en los años cincuenta,  no era terrorista ni nada parecido sino un partido nacionalista de izquierdas. Y después de tomarle un poco el pelo, porque cualquier tipo de organización y mi querida y ácrata profe de piano son incompatibles, yo me fui un poco de la conversación y empecé a pensar que, si hubiera estado allí mi hija Leo hubiera sido otra pata de esa gran construcción que es la izquierda, porque una feminista radical tampoco se encuadra en ninguna parte. 

        Empecé a imaginar a otros amigos, y con la mayoría me pasaba la mismo. Típica representación de la izquierda. Todos con pensamiento propio. Pero tal y como se plantea la política hoy, un gran problema. 

        Y entonces pensé, como ya he hecho más veces, que en la izquierda se ha confundido durante mucho tiempo la diversidad con la disidencia. Y me da pena y no quiero hacer un paréntesis sobre el tema, pero creo que hasta que los políticos no escuchen el sentido común de la gente que les vota -o no, porque ya mucha gente se cansa-, no van a conseguir gran cosa. Cierro paréntesis. 

        Pero lo gracioso de este caso es que no sé si es por la primavera o porque aquí hay un silencio perfecto que sólo interrumpe el canto de los pájaros y mi cabeza vuela libre, pero tengo la imaginación desbocada y paso del vaso campaniforme a comparar a un grupo de amigos con la política, y a todo tipo de cosas que me encantan porque soy una privilegiada de la vida. De un día para otro, la primavera ha venido (cómo recordamos a Machado, o eso quiero pensar), mi castaño de indias ya tiene hojitas saliendo, mis glicinias tienen sus capullos a punto de abrir, mis tulipanes están dando lo mejor que tienen... y de mi piscina sólo diré que es el contrapunto de todo lo optimista que he contado.

        Y me encanta tener amigos y familia en casa, y disfrutar con ellos de las flores, el sol, la montaña y el silencio, sobre todo el silencio. Que los saltos de imaginacíon y las ideas locas ya las pongo yo.

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