Mirándome el ombligo una tarde de sol

        Releyendo mi entrada Volvemos al cole sobre el retorno a mis clases desde las vacaciones de navidad o quizá desde mi infancia, no sé muy bien, he comprobado que las palabras tienen su propia personalidad y su propia entidad, una vez las has puesto en el papel y les has dado vida, y  van a donde quieren. Porque yo quería hablar de mi nostalgia, de la magia que suponían para mí los dibujos cuando estaba en el colegio, y lo que me impresionaban las cosas dibujadas más que las cosas habladas o las cosas leídas, y , sin embargo, acabé hablando de la importancia que tenemos los viejos, o del protagonismo que queremos tener los viejos en la sociedad.

        Y esto me ha recordado a su vez una historia del Ateneo, porque dos de mis amigos, Fernando y Salvador (otro Salvador), escribieron una obra de teatro muy filosófica, muy teológica, en la que todos los personales eran curas. Pero hablando de cómo la habían escrito, los dos estaban de acuerdo y lo comentaban en nuestras  tertulias, que cada pocas páginas de la obra ya escrita tenían que volver a decidir qué camino tomar, porque los personajes, según se iban perfilando, abrían puertas que no habían sospechado sus autores cuando comenzaron a escribir.

     Mi experiencia sin embargo (que no pienso poner humilde porque no sé si es muy manido o muy hipócrita, pero en todo caso creo que ya sobra por... y aquí daría una voz a Salvador y le preguntaría por un sinónimo, pero como ya no está, ahí queda la frase inconclusa). Sigo. Mi experiencia me dice que no tanto los personajes sino las palabras y las ideas son los que me llevan a caminos diferentes a los que  planeaba, aunque Unamuno, Pirandello o Paul Auster probablemente me corregirían y dirían que son los personajes los que tienen vida propia. Pero en mi caso, como el personaje soy yo misma, sólo me pueden llevar al barranco las ideas y las palabras. Sólo espero para no caerme que el barranco se convierta en un cruce de caminos o, quizá, que aparezca un puente para cruzarlo, como en la aventura del Grial de Indiana Jones, o que me pase lo que a Franco, que dijo aquello de Estábamos al borde del abismo, pero hemos dado un paso hacia adelante, y tampoco se cayó. 

        Así que creo que no digo nada nuevo con esto, pero valga para hacer constar, como diría mi "alma" de funcionario, que, aunque algunos de estos giros de guion que hago en mis entradas son un homenaje a mi autor favorito de novela negra, Raymond Chandler, -que comienza sus novelas con una historia muy corta para luego "dar el cambiazo" hacia la historia verdaderamente protagonista del relato-, estos giros de guion de algunas de mis entradas deben más a esta "deriva" que arrastra a mis palabras hacia lugares desconocidos que a mi admiración por mi maestro.

        Y ya tengo delito, sentarme delante del ordenador en una tarde de sol. Soy lo peor.

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