¿Leemos lo que somos, o somos lo que leemos?
Hay frases que afirman que Somos lo que comemos, Somos lo que leemos, Dime con quién andas y te diré quién eres... Pero yo creo lo contrario. Cada día veo ejemplos, sobre todo ahora que en las redes sociales puedes encontrar cualquier cosa que busques, en los que mis amigos, conocidos, familia, me aseguran que "tienen grupos afines", que "lo que ellos piensan lo piensa mucha gente" y comentarios parecidos que, no hay que decirlo, significa que buscan a gente, grupos, foros, que ya piensan como ellos para afirmarse. En otras partes de este blog creo haber dicho ya que eso a mí no me convence nada, porque si sólo hablas con gente que opina lo mismo que tú, no "expandes tu universo" (Woody Allen dixit), no te entran ideas nuevas en tu linda cabecita y, por tanto, no evolucionas. Crecimiento cero, novedades cero, diversión cero. Ese es el resumen, en mi opinión, de hablar sólo con gente que piensa como tú.
Y en estas estoy ahora que quiero hablar de El celo, la ultima novela que me ha recomendado mi hija, novela rara donde las haya, y áspera de leer donde las haya, pero que no he tenido tentaciones de cerrar antes de terminarla, y eso es mucho. Porque la novelita en sí se las trae: Lenguaje callejero, provocador, muy agresivo en palabras "malsonantes" (tetas coño, muy repetidas) que, creo, es un grito de la autora para decir que "las mujeres, si no gritamos, no se nos escucha" (la frase es mía). Y luego está el tema, todavía más extraño en literatura, o, al menos, en la literatura que yo leo. Porque se adentra en los malos tratos. Pero no en los malos tratos que se ven en televisión: Palizas, violencia vicaria, elementos físicos que se pueden contar y comprobar materialmente, sino en otros malos tratos, los psicológicos, pero con un plus que no yo conocía: El de aquellos comportamientos de esos amores que matan (los maltratadores, inspiradores de ese axioma tan realista que, sin embargo, se ha romantizado tantas veces convirtiéndolo en pasiones trágicas), que provocan auténticas enfermedades y auténticos dolores imposibles -o casi imposibles- de diagnosticar y menos aún de curar, porque, simplemente, somatizan el miedo, la pérdida de autoestima, el sentimiento de culpa, la sumisión emocional...
Así que me puse a leer El celo, muy aplicada yo por aquello de ver si conectaba con los jóvenes, y era duro, y diferente, con sus cambios de lenguaje (lenguaje duro, provocador, como un grito de "estoy aquí con mi dolor" cuando se dedica a la historia de la prota; lenguaje más clásico cuando habla de la infancia, la abuela, el pueblo de vacaciones; lenguaje totalmente callejero, marginal, cuando imita la escritura de las redes sociales, con las k y las ortografías y giros imposibles de gentes de otros países (o del nuestro, de los que no han querido pasar el por el rodillo de la escuela, pura vaguería o pura rebeldía o pura ineptitud). Tan duro y tan diferente, que entre medias escogí un par de días sin nada que hacer y, de una tacada, me fundí una novelita de Galdós (lLa de Bringas, y digo novelita por lo familiar que me resulta Galdós, ningún esfuerzo en tragarme páginas y páginas,, aunque la tal obra no es precisamente corta) y unos cuentos de Bryce Echenique, libros que me regalaron este Día del Libro los dueños de una terraza que frecuento en mi pueblo, que decidieron celebrarlo regalando la biblioteca de un amigo a los clientes. Y descansé, que no hay nada como la falta de novedades -esta vez literarias- para acumular energías y retomar los hilos que esperan.
Y ahora que lo estoy terminando, me he dado cuenta de que me ha hecho preguntarme muchas cosas. La primera, que prácticamente no tenemos en castellano literatura sobre los malos tratos: Allá por los años ochenta, Manuel Puig publicó Pubis Angelical, que se puede considerar un manifiesto (precioso manifiesto) feminista en toda regla. Pero yo no he leído nada parecido desde entonces, o no lo recuerdo. Así que, por este lado, el "grito" de la autora de "Voy a gritar, voy a escandalizar, porque está claro que si no gritamos ni nos oyen ni nos quieren oír", me parece que se merece un pedir perdón de esta sociedad que no ha incorporado a su acervo literario (que, al final, son los documentos que quedan, por encima de los legajos de los archivos y otros papelotes) la denuncia de la violencia contra las mujeres. Porque la denuncia de la discriminación -o más que la discriminación, la denuncia del papel social subalterno- sí que se ha hecho; pero "no consta" la denuncia específica de su conclusión lógica: Después de considerar que alguien es inferior y argumentarlo (y ya decía San Agustín que en los fetos de los niños el alma se instalaba a los tres meses de la gestación pero en los fetos de las niñas se instalaba a los cinco meses porque eran inferiores), el siguiente escalón es apuntalar la autoridad del superior. Y, en los casos en que el superior no brilla por su carácter ecuánime y dialogante, esto se consigue con el palo. Y cuando se reviste de autoridad a seres inseguros, autoritarios o directamente crueles, tenemos a la vuelta de la esquina el "Club de las del ojo morado", o el "Club de las del ego hecho trizas", que es el objeto de este libro
Conclusión: No sé si habrá muchas novelas de este estilo circulando entre los jóvenes, pero, aunque me cueste -que me cuesta-, espero estar al loro de esta nueva tendencia, porque, realmente, si se consolida, este estilo es muy nuevo, muy revolucionario, muy de incorporar a gente que no lee entre la gente que lee, de hablar como se habla en las redes sociales (entre otras cosas) . Y esto me recuerda que la novela del XIX (Galdós, Clarín, Tolstoi, Dostoyevski, Victor Hugo, Dumas, Dickens) también fue revolucionaria por realista, y también escribieron como se hablaba. Y la novela latina, después, cuando tuve que leerla en Filología española, también me pareció diferente, y difícil, y hablaba de otros temas y otros mundos muy distintos a Europa y a España: Selva contra sequía, fríos de agosto contra fríos de enero... campesinos de la península muertos de hambre como los indígenas americanos, eso no cambió.... Así que estaremos atentos a ver si se consolida o no. Que algo siempre sale de bueno de las vanguardias, aunque algunas no superen su infancia y se queden por el camino.
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