Los nuevos Mosqueteros

        Este mundial me ha hecho recordar mis veranos en Las Navas del Marqués y nuestros partidos de fútbol, chicos contra chicas, nada de once contra once porque no había tanto personal sino siete contra cuatro, o cinco contra tres, partidos en los que yo siempre me pedía ser portera, en parte porque no me gustaba correr y no corría nada, pero sobre todo porque la portera era la única que jugaba algo en el equipo de las chicas: el balón siempre estaba por allí, y las demás no se comían ni un colín. Así que sí, la final del mundial España-Argentina me ha recordado aquellos partidos porque el balón tampoco ha salido de la portería de Dibu Martínez (lo sé por San Google, no quiero echarme flores con un conocimiento del fútbol que no tengo): Según los comentaristas, han sido veinte ocasiones de gol de nuestra selección en la final. Vamos, como en mis partidos, que acababan siete-cero, pero cuando la portera no era yo acababan quince o veinte-cero, aunque a veces los chicos eran buenos y nos dejaban su portería libre para que pudiéramos meter el de la honrilla.

        Pero al margen de mis recuerdos infantiles y adolescentes, me ha encantado ver el partido contra Cabo Verde, segunda parte, Francia, segunda parte, y Argentina, desde el minuto veintidós. Me ha encantado ver cómo nuestra selección era un equipo en ese sentido que definió tan bien Luis De La Fuente cuando dijo aquello de Francia tiene la mejor selección, pero nosotros tenemos el mejor equipo. Y era cierto. Porque los comentaristas (cuando oía el Carrusel Deportivo en la radio, volviendo de los fines de semana en Las Navas durante las interminables caravanas de entrada en Madrid, se llamaban locutores, pero los tiempos cambian y el lenguaje con ellos) han estado todo el mundial "poniendo en valor" como se dice ahora, por activa y por pasiva, cómo a Lamine no se le caen los anillos por hacer de defensa cuando hace falta, cómo a Nico Williams no le pasa nada por hacer un pase a un compañero, cómo cuando hace un cambio el entrenador el que sale del campo no tiene una mala cara ni un mal gesto... Y ahí entra lo que también oí a esos comentaristas: Que Luis De La Fuente siempre había dicho que había seleccionado a los jugadores "por ser muy buenos en lo suyo, y por ser buenas personas también". Porque si no hay bondad y compañerismo no hay "pegamento", no entra el "hoy por tí, mañana por mí",  no se va a proteger al débil o al que necesita ayuda en un momento puntual. No se hace equipo.

        Porque esta Selección tiene algo que se llama espíritu de equipo, que cuando se extiende a más gente se llama solidaridad. Como la que tuvo muy clara Lamine Yamal cuando le preguntaron por la selección francesa y las palabras de nuestro ínclito expresidente del Gobierno Rajoy, que comentó aquello de que la selección francesa era muy buena, pero no era muy francesa (más o menos, y quizás le pongo un puntito de maldad). ¿Y qué contestó? "El deporte sirve para integrar, y la selección francesa y la española somos un ejemplo de personas diversas". También más o menos.

            Honor, lealtad, compañerismo, juego limpio... y, como han pasado dos siglos desde que Dumas escribió sobre ese gran trío -Athos, Portos y Aramis- que eran cuatro -D'Artagnan-, habría que añadir que tampoco olvidan de dónde vienen ni de quienes les han ayudado a llegar. Pero esto comienza a ser una repetición de mi otra entrada, la de Te queremos, Roja, de julio del 2024. Y me alegro de que sea una  repetición, porque cuando hay tanto dinero, tantos intereses, tantas coas inexplicables en el planeta fútbol, tenemos una generación de jóvenes que ganan mundiales sin alharacas, sin hacer alarde de millones, sin poner la pasta gansa por encima de otros valores, y reivindicando que el deporte une, y es compañero, y es equipo, y en el deporte, los deportistas son TODOS PARA UNO, Y UNO PARA TODOS.

        Vivan los nuevos Mosqueteros!


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