Con los cinco sentidos II

         Hace poco me propusieron hacer la introducción de un pequeño libro de juegos basados en el contacto corporal, un contacto corporal suave,  relajante, alejado de la violencia que se suele asociar con el mundo puramente físico. Y como no sé si finalmente se va a publicar o no el libro, me apetece mucho compartir todo lo que he averiguado y lo que ya sabía pero no le había dado muchas vueltas, porque lo que sugiero me parece muy interesante, al menos, para que nos haga pensar. Muchas cosas ya son sabidas, desde luego, sobre todo para los especialistas -cosa que yo no soy-, pero aún así creo que alguna idea nueva nos dará este pequeño resumen de lo que nuestros sentidos han influido en nuestra cultura y viceversa. Y no hace falta estar de acuerdo. También es importante estar en desacuerdo, las dos cosas obligan a pensar antes antes de decidir.

                                                                        EL OIDO

        Durante algunos años, entre el 84 y el 88 del siglo pasado, fui al Teatro Real a oír conciertos de la Orquesta Nacional, que entonces dirigía Jesús López Cobos. Pero entonces comenzaron las interminables obras del Real, los conciertos se trasladaron al Auditorio, y ya... me pillaba lejos, la acústica no era la misma, trabajando era más difícil hacer la cola para las entradas...Así que fui perdiendo el hábito. Pero antes de dejarlo por completo me ocurrió una anécdota que me resisto a dejar pasar por lo divertida, y lo que dice de los melómanos. Y que dice así: En uno de mis últimos conciertos en el Auditorio comencé a comentar con mi compañero de asiento, mascarilla por medio, lo que estábamos oyendo, y en el intermedio me regaló una divertida anécdota, de ésas que sólo te pueden contar los aficionados de verdad, porque hay que patearse muchas sesiones musicales para ser testigo de un lance así:

        Cuando era joven, iba a casi todos los ensayos de la Orquesta de Radio Televisión; los pases eran gratuitos y los estudiantes, ya sabe, siempre andábamos sin dinero. El director era Igor Markevitch, muy exigente él. Y un día, en pleno ensayo, le vemos que para la orquesta,  se baja de su tarima, se dirige al segundo violín y le dice alto, para que lo oigan todos: Por favor, no mejore usted la partitura.

        Esto viene a cuento de que yo tampoco voy a mejorar con comentarios posteriores el resumen que me hizo de la historia de nuestra música -y cuando digo nuestra me refiero a europea y occidental- Alex Schniepper, con un largo curriculum de director de orquesta, especialista en composición y arreglos , director de banda de jazz y otras cuestiones consideradas "menores". Este es su resumen:

        Desde el Barroco, el sistema tonal ha influido en nuestra forma de escuchar y disfrutar la música. Se basa en la idea de que existe una nota principal o centro tonal a la que la música tiende a regresar, creando una sensación de reposo. A lo largo de una obra, la alternancia entre consonancias, que transmiten estabilidad, y disonancias, que generan tensión y deseo de resolución, mantiene el interés del oyente.

        Con el paso de los siglos, ciertas progresiones de acordes, giros armónicos y cadencias se han repetido tanto que nuestro oído las reconoce de forma natural. Por eso, incluso sin conocimientos musicales, solemos percibir cuándo una melodía parece “terminar”, cuándo crea expectación o cuándo resuelve una tensión. Esta forma de organizar la música ha dejado una huella profunda en la música occidental y sigue presente en estilos actuales como el pol, el rock, el jazz o las bandas sonoras.

        Lo importante de esta exposición para nuestro tema de la educación de los sentidos no es sólo ver cómo apreciamos lo bello de una manera cultural, sino cómo apreciamos también lo relajante, la “sensación de reposo”. Porque lo bello, no sé si ya lo he comentado antes, es también relajante, ya que sigue el orden natural de las cosas, que debe ser equilibrado y sólo en ese equilibrio se encuentra la perfección -otra vez la belleza-.

     En realidad, nuestros sentidos y su educación han seguido hasta hace muy poco una pauta renacentista (barroca, dice Alex Schniepper) en la que lo bello, lo equilibrado, la naturaleza, las matemáticas como sistema ordenado del universo y Dios forman un todo en el que las partes se intercambian, se solapan, se llega al mismo sitio por uno u otro camino. La belleza de los números, la música de las esferas de Fray Luis de León, las plantas medicinales del médico Andrés Laguna, (discípulo de Dioscórides, otra vez nos topamos con la cultura clásica griega) que curan por su similitud o identidad con el cuerpo humano, y tantos otros datos nos dan una interpretación del mundo global en la que nada sobra y que nos lleva por todos los caminos, los del espíritu, los de los sentidos, los de la naturaleza, a la felicidad por la belleza o lo que es lo mismo, el equilibrio y la racionalidad.

        Esto, en cuanto a la música. Pero vayamos a la literatura.

        La literatura ahora no tendría nada que ver con el oído. Porque la leemos. Pero olvidamos el pequeño detalle de que la primera obra impresa en Europa fue la Biblia de Gutenberg, en 1445. Hasta ese momento, tanto los griegos como los latinos, y posteriormente todo el mundo medieval, incluso el renacentista, compusieron versos para ser oídos. Y, como el oído tiene sus propias leyes, ese recitado debía tener ritmo y armonía. El ritmo, tanto los griegos como los latinos, lo consiguieron combinando sílabas largas y cortas -los llamados pies métricos, de exóticos nombres -espondeo, troqueo, yambo, dáctilo...-. La definición de armonía es "el equilibrio, la proporción y la correspondencia adecuada entre las diferentes partes de un todo, lo que produce un resultado bello, grato o pacífico". En música, la armonía es  la combinación de sonidos simultáneos y diferentes que suenan a la vez para formar acordes. Esos sonidos son consonancias, no disonancias, y en el verso, cuando evoluciona y deja a un lado la "armonía" basada en las sílabas cortas y largas para fijarse en otro tipo de armonía, encuentra la rima, que es otro modo de encontrar el leit motiv, el centro tonal.

        Naturalmente, cuando ya ha tenido un recorrido temporal la lectura de los textos en lugar de su recitado, han aparecido nuevas formas de poesía como el verso blanco y el verso libre, que no necesitan "focos" ni centros de unidad "acústicos", porque no ya no se recitan. Pero hasta el siglo XIX hay cientos de ejemplos de la musicalidad de muchos poemas, y de que en ella está lo que nos hace estremecer. Y si no, recitad en voz alta el poema que recitó Zorrilla en la tumba de Larra:

Ese vago clamor que rasga el viento

es la voz funeral de la campana;

vano remedo del postrer lamento

de un cadáver sombrío y macilento

que en sucio polvo dormirá mañana.

        Si leemos estos cuatro versos en voz alta y levantamos un poco la voz en la penúltima sílaba de cada uno, notaremos cómo es la cadencia del "toque de difuntos". Y no es casualidad. Ahora, leamos en voz alta algún soneto de Lope de Vega, o el Tenorio, sin ir más lejos. A ver si nos suena a música.

      























el contacto humano porque cuando dos personas se tocan se liberan hormonas, el tema de las nuevas evidencias científicas como la musicología, nuevos tratamietos algetnativos, los niños de vietnam y los biberones mecánicos, colorterapia, pasar de lo sensorial a llo al contacto físico, primer niel lo sensorial, contacto físico los juegos, segundo nivel


oxitocina, hormana del amor, madre e hijo, endorfina, hormona del placer, y serotonia, hormona de la felicidad, y cortisol, hormona del estrés


pies metricos griegos, troqueo, espondeo, yambo, pirriquio, dáctilo, anapesto y anfíbraco, sigue hasta shakerspeare con los yambos, se puede rastrear hasta el renacimiento, y la música también es muy tonal en las épocas antiguas, se basa en el ritmo y no en la melodía

seguir con que hasta la popularización de la imprenta la poesía se escribía para recitar, y por lo tanto tenía que tener ritmo y saber entonarse


la relajación y la belleza en general en los sentidos en el mundo occidental nos lleva al sentimiento a traves de una construcción racional, porque primero se construye racionalmente un ideal y luego ese ideal se lleva a la educación y a todos los usos sociales en general para que nos resulte familiar y nos provoque la sensaciones que se pretende, pero la primera fase es racional e intelectual






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