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¿Pero estamos todos locos?

            Hace algún tiempo, cuando todavía trabajaba, iba en mi coche todas la mañanas hasta la parada del autobús de Moralzarzal, que me dejaba en Moncloa, y desde allí bajaba por Princesa hasta mi trabajo en Ventura Rodríguez.            Un día, encontré una vaca en el camino. El pobre animal se había colado por algún hueco de una de las dos vallas de piedra que acotaban la carretera, y ya no pudo salir. Estaba desorientada, andando de un lado a otro, de un carril a otro, arriba y abajo y dando vueltas. Y los coches, parados a ambos lados, veíamos cómo se le escurrían las pezuñas en el asfalto, a punto más de una vez de romperse una pata, hasta que llegó la guardia civil y salimos del atasco. No sé qué pasó con la vaca, pero su imagen dando vueltas, con la cabeza gacha, vencida, tropezando con el asfalto sin dirección, me saltó a la memoria en aquel momento.           Se borró la ima...

Me gusta esta chica

          Esta mañana he puesto la tele en La 1 para ver las noticias, y me he encontrado con un politólogo.  El politólogo en cuestión estaba comentando que el curso político comienza igual de tenso que el anterior, y que eso se debe -opina él- a que la política, para muchos ciudadanos, tiene un sentido tribal, más que otra cosa. Es decir, que no nos guiamos por la razón, los programas, los argumentos, sino por un sentimiento de "pertenencia" al grupo -derechas o izquierdas- que no se racionaliza. Y es cierto. Veo a la gente de derechas que conozco, y conozco mucha, y son de dos tipos (siempre simplificando, claro): Los que no se ocupan de política y cuando llegan las elecciones ni se lo piensan, y los que no se ocupan de política pero cuando hay alguna conversación de café repiten algún mantra económico ultraliberal que no han pensado ni poco ni mucho, porque confían en que están en el lado bueno.            Vamos, ...

El que tiene un pueblo tiene un tesoro

Quizás al leer este título alguien piense que soy de un pueblo. Pues no. Soy del Foro. O, como me enseñó mi padre cuando era pequeña, Nacida en Chamberí y bautizada en Las Chinches . Nacida en el sanatorio de Las Mercedes, en pleno Chamberí como es la calle de Rios Rosas, y bautizada en la parroquia de Lavapiés -San Lorenzo-, llamada de Las Chinches porque la plaza se hizo derribando un convento de monjitas que, por sus tocas negras, se bautizaron en el barrio como Las Chinches. Bastante irreverente, es cierto, quizás para compensar las numerosas calles dedicadas a santos, vestigio de que en otros tiempos el barrio fue la judería de Madrid y se cristianizó de aquella guisa: San Cosme y San Damián, Santa Isabel, San Eugenio, San Ildefonso, calle del Calvario, del Ave María... Así que, más castiza, imposible. Pero es cierto que tengo un pueblo. Todos los niños deberían tener un pueblo, decía mi compañero Pedro en el Banco de Bilbao, y a mí ciertamente no me faltó el mío: Tuve un pueblo e...

¿Derecho a la pereza?

El derecho a la pereza está maldito. Se nota que la idea partió de un rojo como Paul Lafarge, yerno de Marx, porque todo lo tiene en contra: Va contra la autoestima, contra la salud, contra la prosperidad, y no digamos contra la moral: Es uno de los siete pecados capitales. Y sin embargo, en nuestra sociedad lo aceptamos como un merecido premio en un momento determinado de nuestra vida: Cuando nos jubilamos. Sí, la jubilación es el derecho a a la pereza políticamente correcto, incluso obligado; nadie sabe qué hacer con esos viejos que no quieren permanecer inactivos, y que fundan asociaciones y ONGs para asesorar a los emprendedores, para acompañar a los enfermos en los hospitales, que nutren de voluntarios a Cruz Roja, la Asociación contra el Cáncer, y de material a los chistes sobre el IMSERSO: ¿Cuál es el animal con una cabeza y cincuenta dientes? El cocodrilo. ¿Y cuál es el animal con cincuenta cabezas y un diente? Un autobús del IMSERSO.  ¿Por qué los viejos no nos de...

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Abril, marzo, mayo, junio... Primavera, flores, lluvia templada y no tan templada, tardes que se van alargando en las terrazas, tomando horchata, o cerveza, o café con hielo (¿alguien todavía pide blanco y negro?)... Rara primavera ésta, en que las flores han salido, sí, pero entre nevadas y lluvias heladoras, con los tulipanes del jardín vistos desde la ventana, porque si salía al jardín iba a empaparme los pies con la hierba crecida, que cuando está mojada las cuchillas de las segadoras patinan y no se puede cortar. Y una ventana diferente, la de los vídeos del wattshapp: Desde casa, en pijama y zapatillas o vestidos y repeinados, qué importaba, hemos visto a sopranos cantando arias en los balcones, familias aplaudiendo a la policía, voluntarios montando un hospital en Madrid, museos, personas confinadas haciendo pan, haciendo gimnasia, haciendo el tonto, con su perro, con su niño, con su desesperación... Bueno, esa última (la de la desesperación, digo), he sido yo. Este virus tie...

Amigas

Mi hija hoy me ha instalado spotyfy: Tenía muchas ganas de recuperar algunas canciones de los setenta que no guardo en disco, ahora llamado vinilo. Porque me gusta tener físicamente las cosas en casa, a mi alcance; y, como en los años setenta tenía dinero y pocos gastos, pude hacerme con una discoteca que no estaba mal; todavía no está mal, a pesar de la cantidad de ejemplares que presté, perdí o se estropearon en traslados, obras y otros eventos de ingrato recuerdo. A partir de mediados de los ochenta dejé de oír la radio, fundamental para estar al día, y mis compras se fueron espaciando con alguna honrosa excepción, como Mecano o Sabina. Pero mis gustos y pertenencias se quedaron anclados en los cantautores -chilenos y españoles-, en un extremo, y la música anglosajona de los setenta -todavía no la música-disco, justo la anterior- por el otro. Caso aparte era Miguel Ríos, que no encajaba en ninguna de las dos categorías y era uno de los grandes. Los músicos de la movida ya se me q...

George Floyd

No sé muy bien cómo empezar a escribir hoy, porque tengo sentimientos encontrados, tanto de  tristeza como de alegría. Y no sé cómo se leerá ahora o dentro de un tiempo esto de tener sentimientos de alegría por la muerte de un afroamericano -negro americano, si dejamos los eufemismos a un lado y ponemos las cosas claras- a manos de la policía -blanca, no sea que los policías negros no sean ortodoxos con el orden establecido; es decir, no sean racistas con sus hermanos negros-. Mi alegría no tiene un origen espurio: Es nítida, genuina; no tiene doblez. Porque viene de la alegría que da ver cómo el tiempo ha traído un cambio social para mejor. Y es una mejoría, porque la falta de juicio es una enfermedad, y su recuperación para quien lo perdió o su adquisición para quien no lo tuvo antes es una mejoría. Es un sentimiento genuino. Se refieren al sentimiento que me ha cortado la respiración, porque lo llevaba esperando muchos años, cuando vi que, al margen de lo que hubiera hecho el...

Doña Carmen y los Hermanos Valdés

Doña Carmen era la directora de mi colegio. Todos los primeros de mes nos daba personalmente las notas a las niñas de Primaria: Iba pasando clase por clase, con su traje de chaqueta y sus tacones, bajita, delgada e impecable; saludaba a la maestra, que de tanto en cuanto le bisbiseaba algo, lo relevante del mes, y comenzaba la ceremonia: Nombraba a la alumna que tocaba, por riguroso orden de puntos; abarcaba las notas con una ojeada; decía algo agradable, o de ánimo, a casi todas; dedicaba un discursito, corto -que tenía que pasar por muchas aulas-, al final de la ceremonia, se despedía de la maestra y se iba muy derecha, taconeando muy firme y con aquella permanente de la que no se salía ni un pelo, exactamente como todas las piezas del Colegio Femenino San Estanislao de Kostka, mi colegio. Doña Carmen y Don Felipe, con mayúscula ambos Don, eran un matrimonio de maestros que se lanzaron a la aventura de crear un colegio alquilando un piso en la calle de Santa Isabel, barrio de Atoc...

El ascensor

No me gustan los ascensores. Naturalmente, cuando trabajaba en la Agencia de Medio Ambiente de Madrid, que estaba en un noveno piso, subí en ascensor...a veces. Después de aquello, y según he ido cumpliendo años, he reducido mis principios en lo referente a los ascensores: no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un quinto piso; no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un cuarto piso; no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un tercer piso... Pero, a pesar de todas mis concesiones,  nunca pude entrar en aquella caja sin una más que segura prevención hacia el cacharro. Cacharro, sí: Oscila, hace ruidos, cuando es antiguo; te deja un vacío en el estómago cuando va deprisa - los moderno-; provoca un vértigo espantoso si es exterior y se ve la ciudad a través de sus paredes de cristal...  Así que, para mí, que no puedo separar los pies del suelo, ni siquiera metafóricamente, sin una tremenda angustia; que tengo vértigo desde que recuerdo; que me asedia la ...

Domingo

Si no estrenas nada /en el Domingo de Ramos/ o no tienes pies / o no tienes manos. Esto se decía cuando yo era pequeña; me lo recordó ayer Salva, cuando le comenté que tenía una noción vaga sobre zapatos nuevos y el Domingo de Ramos. Zapatos nuevos y palmas en el balcón, unas discretas, con un pequeño lazo y basta, pero otras coloridas, barrocas, que no en vano en nuestra calle había mucho andaluz, mucho extremeño, mucha gente del sur, del sol, de los gritos de balcón a balcón, de lo extremo, también -sobre todo- en la fiesta como en el drama.  Muy diferente de lo que siento ahora, que no es nada nebuloso y que se podría resumir así: Cuarto domingo de quedatencasa. Lo que me ha llevado a pensar si los otros domingos de mi vida han sido muy diferentes. Y sí, lo han sido, pero no me libero de la sensación de que el domingo es un día anodino, tonto, fuera del control de la rutina, pero no por ello memorable -de memoria , lo que recordamos-, ni especialmente feliz. Aunque he tenid...

El motor de curvatura

Reconozco que soy una fan de la ciencia ficción; y, como buena fan de ciencia ficción, lo soy, y mucho, de Star Trek, la serie de televisión que, en mi adolescencia, y siendo de lo que entonces se llamaba letras, me descubrió qué era una paradoja, me hizo viajar por lugares increíbles, me abrió la mente a otras culturas, aunque fueran alienígenas, y, sobre todo, me convenció de que, cuando la Humanidad descubriera el motor de curvatura y tuviéramos la certeza de que no estábamos solos, se acabarían las guerras y viviríamos en paz. Así que, ahora, espero que el motor de curvatura que se acaba de descubrir no sea un fiasco. Porque, de hecho, el coronavirus, esta pandemia que se ha presentado como otro jinete del apocalipsis, es el motor de curvatura que está al alcance de la humanidad, a día de hoy. Y si no, fijaros bien: En los años setenta el lema de la contaminación en la Unión Europea -que no se llamaba Unión Europea- era El que contamina, paga , como si no hubiera más consecuen...

Otro 8 de Marzo

Esta mañana puse la tele mientras desayunaba (no diré a qué hora) y, haciendo zapping, encontré una antigua serie que veía con mi hija hace unos quince años: Compañeros. U na serie en la que se cuentan las peripecias de una pandilla de chicos de instituto, muy recomendable. Y en el capítulo de hoy, casualidades de la vida, en el cole se representaba la escena final de Casablanca . Y digo casualidades de la vida porque ayer fue el Día de la Mujer Trabajadora, y, cuando vi Casablanca , mi reacción ante aquel final absurdo fue: Esto le pasa a Elsa por decirle a Rick "Piensa tú por mí".  No diría nada de Casablanca que no se haya dicho ya. En mi generación, frases de la peli como ¿ Son cañones, o los latidos de mi corazón?, Este es el principio de una  gran amistad, Siempre nos quedará París, pertenecían al mundo de lo cotidiano, y se decían para cualquier cosa: en serio, de broma y en mediopensionista.  Y sin embargo, nos acordamos del nombre de Rick, pero a ella la lla...

Elefantes

Creo que fue Platón quien contó la fábula de los ciegos que se imaginaron al elefante según el lugar de su cuerpo que tocaban para explicar que la realidad es así, que todo depende de qué parte es la que tenemos al alcance de nuestra mano. La verdad es que hace tiempo que quiero contar una romántica historia de dos caras que tiene mucho que ver con esto del lado de la realidad en el que está cada uno, pero se me ha ido complicando, porque, cada vez que lo intento,  tengo más historias que contar que la vez anterior. Porque las distintas caras de una misma historia  han dado mucho juego en literatura, por ejemplo, hasta crear un género propio, la novela circular; y sin los diferentes modos de ver lo mismo no existirían el racismo, la xenofobia, las guerras... Claro que todavía tendríamos que lidiar con las pandemias, el hambre y la muerte, que se me ocurra así a bote pronto; y ya sé que no es poco, pero el mundo sería distinto. Total, que yo tenía una historia y ahora tengo...

Una especie a extinguir

          Subí por primera vez a Barcelona a finales de los años setenta, a casa de la hermana de una amiga que me alojó con ella, en el barrio gótico, durante quince días perfectos. La hermana de mi amiga tenía un piso pequeño al que no hacía mucho caso, pero donde guardaba algún que otro tesoro, aunque no eran tesoros al uso, sino suyos propios, que, para mi gran ¿suerte? ¿felicidad? no sé cómo llamarlo, coincidían con mis propios tesoros: Libros.            Los tenía dentro de un aparador, y, en cuanto comencé a hojearlos descubrí que los títulos y los autores me eran desconocidos (¡Qué maravilla!): Tenía un filón que explorar, y quince días para hacerlo. Así que, entre Parque Güell y Sagrada Familia por la mañana y ginebras con limón en el Ensanche escuchando jazz en vivo a las 20 p.m., en la hora de la siesta me sentaba en el salón de aquella casa de muñecas y me empapaba, una página tras otra, del simple arte de m...

Caos

Cuando inicié este blog, lo único que me interesaba era hablar; o escribir, es lo mismo. Pero no tenía muy claro de qué, aunque sí tenía la vaga sospecha de que cansarme, lo que se dice cansarme, no iba a ser un problema; es decir, iba a tener blog para rato. Pero me costó. No estaba yo para muchas florituras, así que arranqué poco a poco, y sólo me ponía delante del ordenador cuando un tema me atropellaba. Pero el vicio es el vicio, y el de hablar es uno de los peores: Al principio sólo hablas, pero en seguida pretendes que te escuchen, y los oyentes -reales o imaginarios- retroalimentan la necesidad de hablar, porque ya no lo necesitas tú, sino que lo "necesitan" tus oyentes, que están esperando tu opinión sobre los temas más peregrinos. Así que he ido acelerando y, cuando me he dado cuenta, estaba pergeñando nuevos temas para desarrollar en nuevas entradas del blog, siguiendo el consejo que me dio mi prima Conchi, hace muchos años, un día que hablábamos del colegio y ...

Novelas, seriales, novelerías

Las novelas de la tele son terribles. Venezolanas o turcas, todas tratan de amores, encuentros y desencuentros, con el mismo fondo romántico que la novela "María", muy popular entre las jovencitas cuando yo lo era, y que se estudia (o se estudiaba) en las facultades de Letras como arquetipo de cierta novela, aquella en la que se desarrolla una historia de amor imposible sin contexto: Lo mismo puede ocurrir en un país que en otro, en una época que en otra, en una clase social que en otra; pero no porque el amor sea universal, sino porque faltan ambiente, personajes secundarios, época, color local, y sobran los estereotipos, más a menudo los de Cenicienta (chica pobre) que los de Blancanieves (chica rica). Esto de las novelas es de toda la vida: Los Amores de Teógenes y Cariclea, del siglo III después de Cristo, es ya igualita que las de ahora: un par de enamorados que tienen que superar obstáculos sin cuento (cuento de contar, es decir, incontables obstáculos; pero a que qu...

Revisando a Marx

Hace poco tiempo me di cuenta de que olvidaba los nombres de las cosas. Empecé olvidando los nombres de famosos, seguí olvidando otros nombres conocidos y, por fin, empecé a olvidar los nombres de las cosas más cotidianas. No es alzheimer, me dijeron, sino (aquí una palabra que también he olvidado). Así que, para prevenir, comencé a hacer ejercicios de memoria: sudokus, poemas...  Y se me ocurrió apuntar nombres de cosas y actividades que había aprendido durante mi vida laboral; nombres como michinal, escandallo, paramento, retranqueo, y también heredero por estirpe , servidumbre de paso ... Porque, gracias a ser funcionaria una gran parte de mi vida, he cambiado muchísimo de trabajo, he "tocado muchos palillos", como decía mi madre: Me he divertido, en suma. Porque he cambiado de trabajo cuando ya no tenía nada que aprender del sitio nuevo, es decir, cuando me empezaba a aburrir. Los puestos nuevos tienen varias fases: en la primera, te adaptas al modo de hacer las cosas...