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Yo quería ser profe

               Hoy es 14 de abril, Día de la República. Tenía pensado contar un recuerdo divertido, como fue la primera vez que la celebré, en el pleistoceno. Pero me he levantado, y he mirado al cielo: gris, con nubarrones negros. Luego he pensado que tenía que mirar mi cuenta, y recordando lo que dijo ayer un chaval con mucho humor en el programa de Wyoming, " me sobra mes para llegar a fin de sueldo ", decidí que mejor otro día. Después puse la tele, y estaban retransmitiendo la bronca de siempre en el Congreso. Así que decidí ponerme a tono con el día, olvidar el dicho grabado en una calle de mi pueblo, " unas veces se gana y otras se aprende ", y lanzarme a la autocompasión y el espíritu de perdedor. Y como no me da tiempo a ver una película de llorar con palomitas, porque dentro de un rato habrá que comer, he dejado a un lado la peli y he recurrido al plan B: Escribir esta entrada, muy a tono con la mierda de día que tengo, y que tenía ...

Echando humo, o La paciencia tiene un límite

            Estoy reflexionando hace tiempo sobre la zona de confort, las redes sociales y otros temas; y no es fácil, porque no sé muy bien cómo atacar el problema. Es decir, no sé cómo explicar sensaciones, temores, vivencias y, sobre todo, premoniciones, que no son buenas.           Vargas Llosa, en su novela  Cinco Esquinas , trata -aparentemente- de la vida en el Perú de Fujimori, que debió conocer muy bien. Pero, en realidad, lo que creo que pretende es dar un aviso a navegantes: Una vez que la sociedad ha asimilado las malas prácticas morales, aunque destruyas a los que las promovieron ya no puedes erradicarlas.           Y creo que llegó en un momento crucial para la democracia española, porque aquí, cuando de publicó esta novela y quizás desde un poco antes, la crispación política estaba comenzando a hacer mella entre la gente: No los políticos, sino la gente.     ...

Hay otros mundos...

            Esta mañana me he levantado decidida a reseñar una preciosa novela en el blog de Javier, un blog de lectores sin pretensiones que pretende recomendar novelas a lectores también sin pretensiones. Pero, como siempre, me ha apisonado la realidad de los sábados. Porque los sábados tengo mi programa de " casas " por la tele: Una serie -que dura horas y horas- en la los dueños de una casa "i nvivible"   encomiendan a un equipo que la reformen o les consigan otra vivienda a su gusto. Parece una tontería, pero algo así da rienda suelta a las ansias de cambio que todos tenemos, aunque sólo sea un cambio material en nuestro entorno y lo que necesitemos sea un cambio en nuestras vidas. Cada uno cambia lo que se siente con fuerzas. Yo, de momento, he cambiado en mi cabeza el cuarto de baño y la cocina de mi casa, precisamente las dos obras más caras de cualquier vivienda, y que nunca haré, por supuesto: Primero, porque funcionan, y yo no tiro...

Cuando somos malas, somos malísimas

            Tenía pensado desde hace días hacer una entrada sobre el covid y el charco en el que nos vamos a meter en Navidades casi todos, ahora que vemos el final del túnel, pero ahora también que no vale la pena hacer menos cuando llevamos tanto tiempo haciendo más. Mi idea era comentar que en el sprint final de una carrera como ésta no se cambia de táctica y sólo se aprieta, o, como dicen, en tiempos de turbación no hacer mudanza. Pero mientras abría el ordenador, se cargaba, entraba en google, me ha dado tiempo a pensar -porque cada día tarda más- que me importan un rábano el covid y el 2020, y que lo que realmente quiero de este año y estas fiestas es lo que dice el anuncio de la sidra: Que le dén al 2020!           Así que, cuando por fin he entrado en google, en lugar de irme al blog he entrado en Spotify, he pinchado mi lista de canciones de amor y he buscado mi solitario favorito para hacer dos cosas a la vez, qu...

Princesa

 Mi padre tenía tres hermanos. Dos eran chicos, y vinieron a Madrid cuando tuvieron la edad, que en los pueblos era de catorce años, a la sombra de su hermano mayor, mi padre. La cuarta era chica, y se quedó en el pueblo. Mis tíos vivían con nosotros, lo que quería decir que estaban a cargo de mi padre a todos los efectos. Pero, cosas de la época, en casa no cabíamos, así que dormían fuera, en habitaciones alquiladas, y el resto de funciones de una vivienda familiar se resolvían dentro. También la de ser una familia. Sobre todo, la de ser una familia. Por eso, cuando mi padre se casó, los trajo a casa con el beneplácito de mi madre, que para eso mis padres eran primos hermanos y los dos venían de circunstancias similares. Así que, cuando nací, ya tenía dos tíos jóvenes y solteros dispuestos a ejercer de caballeros andantes, príncipes o lo que hiciera falta con la única princesita que había en la casa. Y ejercieron, vaya que ejercieron. Yo diría que con una brillantez rayana en la e...

El amigo americano

            Llevo pensando varios días cómo comenzar este comentario. Y no me decido. Porque hay muchas maneras, y todas buenas.           Una de ellas podría ser hablar de cómo este millonario estúpido llamado Trump ha tirado por tierra los intentos más nobles de algunos norteamericanos por no avasallar al resto del mundo. Y eso que el resto del mundo les ha animado en su intento. Ahí están para demostrarlo el Nóbel de la Paz a Henry Kissinger por parar el Y tú-más con la URSS y convencer a Nixon de que había que buscar la paridad armamentística y seguir con la política de distensión que terminara con Vietnam, el Yom Kipur y otros desafíos, porque los soviéticos no iban a permitir la supremacía americana y aquella escalada no iba a terminar nunca. Y después llegó el Nóbel de la Paz para Obama, por su cambio en las relaciones con los demás, que pasó del " Conmigo o contra mí " de Bush a la multilateralidad, que básicament...

Divagando

            Ayer mi hija me envió por whatsapp (guása, dicen ya muchas de mis amigas, y guása creo que aceptará el Diccionario a poco tardar, por el bien de la comunicación sin complejos, que no del buen lenguaje)... Y ya he empezado a divagar, desde el renglón uno. Porque he interrumpido la narración de lo que me contaba mi hija, que con esta digresión del guása ya se ha quedado fuera.           Y es que me he dado cuenta de que divagar es lo mío últimamente. Hace años, pocos, le comentaba a  una amiga que, cuando llegaba el buen tiempo, salía a mi jardín con un libro y una cerveza, me sentaba delante de algún rincón bonito y miraba al infinito sin cansarme, sin hacer nada y sin darme cuenta del tiempo; el libro, la gran excusa, volvía a casa sin abrir, y la cerveza me duraba mucho, mucho tiempo. Ahora que tengo todo el tiempo para mí, esos ratos de bonanza ocurren casi todos los días: A una u otra hora, hacia el med...

Querida Transición

          Querida Transición: Llevo toda una vida contigo, y no puedo decir que no me hayas decepcionado, porque lo has hecho, y mucho. Quizás es que yo era muy joven y ya se sabe, los jóvenes lo queremos todo y lo queremos ya. O quizás es que ya naciste en la discordia, con aquellas Junta Democrática y Plataforma Democrática enfrentadas, Partido Comunista más aquel señor raro llamado Calvo Serer versus Partido Socialista más casi todos los demás, cada una por su lado y prácticamente irreconciliables. Aunque consiguieron unirse en aquel artefacto raro que vino en llamarse Platajunta, matrimonio de conveniencia donde los haya, ya que lo otro se parecía demasiado, a los ojos de los viejos del lugar (que teníamos bien cerca para oírles repetirlo machaconamente: Eran nuestros padres), a las peleas de la República de la que nadie quería acordarse.           Y digo que llevo toda una vida contigo, pero realmente no sé cuándo llegaste...

¿Pero estamos todos locos?

            Hace algún tiempo, cuando todavía trabajaba, iba en mi coche todas la mañanas hasta la parada del autobús de Moralzarzal, que me dejaba en Moncloa, y desde allí bajaba por Princesa hasta mi trabajo en Ventura Rodríguez.            Un día, encontré una vaca en el camino. El pobre animal se había colado por algún hueco de una de las dos vallas de piedra que acotaban la carretera, y ya no pudo salir. Estaba desorientada, andando de un lado a otro, de un carril a otro, arriba y abajo y dando vueltas. Y los coches, parados a ambos lados, veíamos cómo se le escurrían las pezuñas en el asfalto, a punto más de una vez de romperse una pata, hasta que llegó la guardia civil y salimos del atasco. No sé qué pasó con la vaca, pero su imagen dando vueltas, con la cabeza gacha, vencida, tropezando con el asfalto sin dirección, me saltó a la memoria en aquel momento.           Se borró la ima...

Me gusta esta chica

          Esta mañana he puesto la tele en La 1 para ver las noticias, y me he encontrado con un politólogo.  El politólogo en cuestión estaba comentando que el curso político comienza igual de tenso que el anterior, y que eso se debe -opina él- a que la política, para muchos ciudadanos, tiene un sentido tribal, más que otra cosa. Es decir, que no nos guiamos por la razón, los programas, los argumentos, sino por un sentimiento de "pertenencia" al grupo -derechas o izquierdas- que no se racionaliza. Y es cierto. Veo a la gente de derechas que conozco, y conozco mucha, y son de dos tipos (siempre simplificando, claro): Los que no se ocupan de política y cuando llegan las elecciones ni se lo piensan, y los que no se ocupan de política pero cuando hay alguna conversación de café repiten algún mantra económico ultraliberal que no han pensado ni poco ni mucho, porque confían en que están en el lado bueno.            Vamos, ...

El que tiene un pueblo tiene un tesoro

Quizás al leer este título alguien piense que soy de un pueblo. Pues no. Soy del Foro. O, como me enseñó mi padre cuando era pequeña, Nacida en Chamberí y bautizada en Las Chinches . Nacida en el sanatorio de Las Mercedes, en pleno Chamberí como es la calle de Rios Rosas, y bautizada en la parroquia de Lavapiés -San Lorenzo-, llamada de Las Chinches porque la plaza se hizo derribando un convento de monjitas que, por sus tocas negras, se bautizaron en el barrio como Las Chinches. Bastante irreverente, es cierto, quizás para compensar las numerosas calles dedicadas a santos, vestigio de que en otros tiempos el barrio fue la judería de Madrid y se cristianizó de aquella guisa: San Cosme y San Damián, Santa Isabel, San Eugenio, San Ildefonso, calle del Calvario, del Ave María... Así que, más castiza, imposible. Pero es cierto que tengo un pueblo. Todos los niños deberían tener un pueblo, decía mi compañero Pedro en el Banco de Bilbao, y a mí ciertamente no me faltó el mío: Tuve un pueblo e...

¿Derecho a la pereza?

El derecho a la pereza está maldito. Se nota que la idea partió de un rojo como Paul Lafarge, yerno de Marx, porque todo lo tiene en contra: Va contra la autoestima, contra la salud, contra la prosperidad, y no digamos contra la moral: Es uno de los siete pecados capitales. Y sin embargo, en nuestra sociedad lo aceptamos como un merecido premio en un momento determinado de nuestra vida: Cuando nos jubilamos. Sí, la jubilación es el derecho a a la pereza políticamente correcto, incluso obligado; nadie sabe qué hacer con esos viejos que no quieren permanecer inactivos, y que fundan asociaciones y ONGs para asesorar a los emprendedores, para acompañar a los enfermos en los hospitales, que nutren de voluntarios a Cruz Roja, la Asociación contra el Cáncer, y de material a los chistes sobre el IMSERSO: ¿Cuál es el animal con una cabeza y cincuenta dientes? El cocodrilo. ¿Y cuál es el animal con cincuenta cabezas y un diente? Un autobús del IMSERSO.  ¿Por qué los viejos no nos de...

¿Quién me ha robado el mes de abril?

Abril, marzo, mayo, junio... Primavera, flores, lluvia templada y no tan templada, tardes que se van alargando en las terrazas, tomando horchata, o cerveza, o café con hielo (¿alguien todavía pide blanco y negro?)... Rara primavera ésta, en que las flores han salido, sí, pero entre nevadas y lluvias heladoras, con los tulipanes del jardín vistos desde la ventana, porque si salía al jardín iba a empaparme los pies con la hierba crecida, que cuando está mojada las cuchillas de las segadoras patinan y no se puede cortar. Y una ventana diferente, la de los vídeos del wattshapp: Desde casa, en pijama y zapatillas o vestidos y repeinados, qué importaba, hemos visto a sopranos cantando arias en los balcones, familias aplaudiendo a la policía, voluntarios montando un hospital en Madrid, museos, personas confinadas haciendo pan, haciendo gimnasia, haciendo el tonto, con su perro, con su niño, con su desesperación... Bueno, esa última (la de la desesperación, digo), he sido yo. Este virus tie...

Amigas

Mi hija hoy me ha instalado spotyfy: Tenía muchas ganas de recuperar algunas canciones de los setenta que no guardo en disco, ahora llamado vinilo. Porque me gusta tener físicamente las cosas en casa, a mi alcance; y, como en los años setenta tenía dinero y pocos gastos, pude hacerme con una discoteca que no estaba mal; todavía no está mal, a pesar de la cantidad de ejemplares que presté, perdí o se estropearon en traslados, obras y otros eventos de ingrato recuerdo. A partir de mediados de los ochenta dejé de oír la radio, fundamental para estar al día, y mis compras se fueron espaciando con alguna honrosa excepción, como Mecano o Sabina. Pero mis gustos y pertenencias se quedaron anclados en los cantautores -chilenos y españoles-, en un extremo, y la música anglosajona de los setenta -todavía no la música-disco, justo la anterior- por el otro. Caso aparte era Miguel Ríos, que no encajaba en ninguna de las dos categorías y era uno de los grandes. Los músicos de la movida ya se me q...

George Floyd

No sé muy bien cómo empezar a escribir hoy, porque tengo sentimientos encontrados, tanto de  tristeza como de alegría. Y no sé cómo se leerá ahora o dentro de un tiempo esto de tener sentimientos de alegría por la muerte de un afroamericano -negro americano, si dejamos los eufemismos a un lado y ponemos las cosas claras- a manos de la policía -blanca, no sea que los policías negros no sean ortodoxos con el orden establecido; es decir, no sean racistas con sus hermanos negros-. Mi alegría no tiene un origen espurio: Es nítida, genuina; no tiene doblez. Porque viene de la alegría que da ver cómo el tiempo ha traído un cambio social para mejor. Y es una mejoría, porque la falta de juicio es una enfermedad, y su recuperación para quien lo perdió o su adquisición para quien no lo tuvo antes es una mejoría. Es un sentimiento genuino. Se refieren al sentimiento que me ha cortado la respiración, porque lo llevaba esperando muchos años, cuando vi que, al margen de lo que hubiera hecho el...

Doña Carmen y los Hermanos Valdés

Doña Carmen era la directora de mi colegio. Todos los primeros de mes nos daba personalmente las notas a las niñas de Primaria: Iba pasando clase por clase, con su traje de chaqueta y sus tacones, bajita, delgada e impecable; saludaba a la maestra, que de tanto en cuanto le bisbiseaba algo, lo relevante del mes, y comenzaba la ceremonia: Nombraba a la alumna que tocaba, por riguroso orden de puntos; abarcaba las notas con una ojeada; decía algo agradable, o de ánimo, a casi todas; dedicaba un discursito, corto -que tenía que pasar por muchas aulas-, al final de la ceremonia, se despedía de la maestra y se iba muy derecha, taconeando muy firme y con aquella permanente de la que no se salía ni un pelo, exactamente como todas las piezas del Colegio Femenino San Estanislao de Kostka, mi colegio. Doña Carmen y Don Felipe, con mayúscula ambos Don, eran un matrimonio de maestros que se lanzaron a la aventura de crear un colegio alquilando un piso en la calle de Santa Isabel, barrio de Atoc...

El ascensor

No me gustan los ascensores. Naturalmente, cuando trabajaba en la Agencia de Medio Ambiente de Madrid, que estaba en un noveno piso, subí en ascensor...a veces. Después de aquello, y según he ido cumpliendo años, he reducido mis principios en lo referente a los ascensores: no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un quinto piso; no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un cuarto piso; no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un tercer piso... Pero, a pesar de todas mis concesiones,  nunca pude entrar en aquella caja sin una más que segura prevención hacia el cacharro. Cacharro, sí: Oscila, hace ruidos, cuando es antiguo; te deja un vacío en el estómago cuando va deprisa - los moderno-; provoca un vértigo espantoso si es exterior y se ve la ciudad a través de sus paredes de cristal...  Así que, para mí, que no puedo separar los pies del suelo, ni siquiera metafóricamente, sin una tremenda angustia; que tengo vértigo desde que recuerdo; que me asedia la ...