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Es la brecha digital, ¿estúpida?

            Voy a empezar el comentario de hoy haciendo mi ficha técnica: No soy vieja, aunque sí jubilada. He trabajado en cuatro grandes empresas en mi vida laboral, y, para lo que nos ocupa, tengo que decir que, en mis últimos años de trabajo (y últimos quiere decir desde 1990, la mitad de mi vida laboral), he tenido que convivir con los llamados antes ordenadores, últimamente tablet, portátil, ipad, de sobremesa...           También he de decir que, durante estos casi veinte años, he tenido que aprender y manejar, si no se me olvida nada, seis bases de datos diferentes, dos programas de contabilidad y gestión de pagos, dos programas raritos de gestión, uno de contratación pública, otro de gestión de personal... y me han parecido juegos divertidos (lo divertido era hacer trampas, claro)          Pero nada me había preparado para la agresión de los bancos a mi autoestima con esto de lo digital. P...

Cinco nuevos presidentes, cinco

          Cuando comenzó el año y en las noticias de televisión, como suelen hacen, repasaron el año que terminaba, me sorprendió que durante 2021 hubiera habido cinco elecciones presidenciales en Latinoamérica, y, por tanto, cinco nuevos presidentes de sus respectivas repúblicas. Y pensé, algo -sólo algo, porque es demasiado complicado para entenderlo-, en aquellos países, de los que sólo sé, o casi sólo sé, lo que cuentan las novelas. Pero las novelas dan para mucho.           Tenemos, por ejemplo, Perú. Perú tiene a su maravilloso Nóbel, aunque yo no comparto sus ideas, que sin embargo dijo, cuando decidió participar activamente en política, algo muy cierto, un reproche muy justificado hacia las democracias occidentales, muy paternalistas y pagadas de su superioridad: Que los latinoamericanos tienen el mismo derecho que los europeos a tener democracias formales, porque es considerarlos inferiores defender que en Latinoaméric...

Obsolescencia programada

            Leí una vez en una novela cuyo título no recuerdo la historia de un relojero que murió de hambre por ser un excepcional maestro. Era tan bueno reparando los relojes que le llevaban a su taller, que nunca volvían a estropearse, así que sus clientes sólo iban una vez, y no volvían nunca. Sus compañeros de profesión le dieron buenos consejos: Debía arreglar los relojes de tal manera que, dejando un mínimo fallo, sus propietarios se quedaran tan contentos del arreglo que fueran fieles clientes, pero el fallo debía irse agravando hasta que el reloj tuviera que terminar en el taller para ser reparado de nuevo. El pobre hombre era tan honrado y tenía tal sentido del trabajo bien hecho que no hizo caso, y se arruinó.          Lo que le aconsejaban sus colegas al relojero era la obsolescencia programada.         Estoy muy harta de la obsolescencia programada. Hace años que clamo en el desierto sobre ...

Almudena Grandes

            No pensé hacer una reseña sobre su muerte, porque cuando me prometí crear un blog decidí no dedicarme a la actualidad, sino a mis pensamientos y filosofía, incluso a mi vida diaria, pero no a la actualidad: La actualidad tiene las patas muy cortas. Pero en este caso no puedo remediarlo. Porque la mezquindad de algunos no es comparable a nada, no se justifica con nada, no tiene explicación, y menos excusa, aunque ni siquiera lo han intentado: Han seguido el principio de sostenella y no enmendalla. Y   mezquino es que las instituciones de Madrid, su ciudad, no hayan aparecido en el entierro. Y mezquino es que no hayan querido hacer ningún homenaje, ni manifestación de cariño, ni siquiera un reconocimiento institucional, hacia una gran figura que perdurará en los manuales de literatura del bachillerato español durante muchos años.           Y en este momento me permito recordar que, cuando Alberto Ruiz Gallar...

Si tú me dices Ven es un bolero

                 Malena es un nombre de tango , decía Almudena Grandes, esa gran escritora a la que doña Isa..., émula de doña Espe..., no le ha querido reconocer el genio, sólo por ser quien era y escribir lo que escribía. El rencor, la indiferencia o el desprecio hacia "los otros", es algo muy habitual entre los poderosos de escasa catadura moral, aunque hay otra hornada -y no pocos, afortunadamente- que se creen eso de "nobleza obliga" y se comportan como lo que deberíamos ser todos: buenas personas, amigos de sus amigos y buenos ciudadanos.                    Pero esto iba a ir de otra cosa, y me ha pillado por el camino la muerte de la autora de El lector de Julio Verne, una de las novelas más risueñas, románticas y aparentemente ingenuas -está contada desde la perspectiva de un niño-, de la literatura del siglo XX, a la altura de El camino o Alfanhuí.     ...

Toc, toc, ¿estás ahi?

          Hace unos días vi una señal de tráfico que me miraba mal, me acerqué a darle un besito para hacernos amigas y creo que fui demasiado entusiasta, porque me dejé una rueda, el radiador partido y el faro derecho del coche. Llegó la Guardia Civil, y fueron muy amables. Eso sí, después de fotografiar la matrícula y comprobar que no era un coche robado; de pedirme el DNI y comprobar que no era una delincuente; y de pedirme el carnet de conducir y comprobar que tenía los quince puntos. Tampoco di señales de venir de una comida con sobremesa y copitas de más, ni de necesitar alguna prueba de consumo de drogas, y tenía el chaleco amarillo, que hasta eso me pidieron.           El caso es que entonces apareció mi marido, y todo cambió. De repente sentí un hombro en mi cara, una mano en mi cabeza apoyándola contra un hueco calentito y una voz tranquila que hacía chistes, o algo similar. Y me vino a la cabeza algo que me dijo una ...

... Y más libros

        Tengo en la mano Niebla, de Unamuno. Es un libro de tapas de rústica, de color azul, tamaño cuartilla y medianamente grueso, que tiene unos cincuenta años, porque es el primer libro que me compré en mi primera feria del libro, cuando tenía alrededor de quince. Fuimos mi amiga Flor y yo, después de salir del colegio, y nos gastamos nuestros ahorros de todo un mes, ella en el suyo -que no recuerdo-, y yo en Niebla.                           Así pensaba comenzar esta entrada, pero cuando he ido a buscar el libro, he comprobado eso tan sabido de que la memoria es una amiga infiel: El libro no es azul, sino blanco; no es mediano, es pequeño, con una letra apta para leer con lupa, y gracias a esta letra de pigmeo no es grueso, sino delgadísimo, apenas ciento noventa páginas. Lo único azul es el título sobre el fondo blanco de la portada, y lo único importante es que, desde el principio,...

Libros...

            No sé muy bien cómo empezar esta entrada, porque tengo demasiadas ideas en la cabeza, como casi siempre cuando me siento a escribir. Porque espero y espero, hasta que el sentimiento de culpa me pone frente al ordenador. Y no es porque tenga obligación de llenar la pantalla con estas patitas de mosca llamadas letras, sino porque se me quedó grabada para siempre una frase que mi padre me repitió hasta la saciedad a lo largo de su vida: Lo que se empieza, se termina.  Y ahora, como me lo planteé sine die, cuando pasan las semanas y no me pongo enfrente de la máquina, oigo la vocecita:  " Lo que se empieza, se termina", y me doy cuenta de que los "conceptos pequeñoburgueses", que dirían mis amigos Althusser o Lacan, de obligación, utilidad, compromiso, todavía me pesan, y me pesan mucho.            Pero le saco una rentabilidad a estas letras, cuando ya las he juntado (juntar las letras, qué manera m...

Tu nombre envenena mis sueños

 Quería hacer una entrada sobre los preciosos títulos de pelis y novelas que, a veces, encuentran los autores y que parecen joyas, perfectas en sí mismas; pero tenía la impresión, no sé por qué, de que ya había hablado en alguna parte de este blog de lo importante que es para un lector/espectador que la novela/peli se llame Tu nombre envenena mis sueños , o La niebla y la doncella , o El invierno en Lisboa , o Cae la noche tropical. Porque ya desde el título te creas tu propia fantasía, y acabas viviendo dos historias, la que te has inventado y la de la novela. Y no debo ser la única que hace esto, porque otra novela,  Si una noche de invierno un viajero (el inefable Italo Calvino) ya cuenta precisamente esa historia: La de la lectora, que comienza una novela que se trunca y sólo ella puede seguir imaginando, porque el autor sabe que el lector es tan creador de la ficción como él.  Así que repasé las entradas que tengo escritas y no encontré ninguna en la que hablara de ...

Los zascas son buenos para la salud

            Tengo un precioso jardín que me tortura: Me paso el día -en invierno planeo, en verano trabajo...- pensando en él: Los arbustos crecen, los árboles tiran las hojas, los pajaritos comen moras (y luego salen zarzas...); en verano hay que regar y en invierno acolchar las plantas delicadas; se podan los setos, se cortan las flores secas para que salgan más, se siega el verde... Total, todo el año. Y ayer viene mi primo a vernos, y me dice: " Me encanta tu jardín, lo tienes tan salvaje.. ."         Hace algunos años, mi madre estuvo una temporada viviendo con nosotros, operada de la espalda. Y un día me comentó que la había llamado su amiga del edificio donde vivía para recordarle que tenía que comprar el décimo de lotería que jugaban todos los meses -le tocaba a ella-. Mi madre estaba algo preocupada porque no podía comprarlo, convaleciente como estaba y viviendo en la sierra, así que, por mor de que no riñera con su "p...

Los lunares y la trampa del lenguaje

            A mi armario le gustan los lunares. Ahora mismo aloja un vestido blanco con lunares marrones y una blusa marrón con lunares blancos. Es la mínima expresión de lo que hubo: vestidos violetas con lunares blancos, vestidos verdes con lunares negros, pantalones fucsias, blancos, azules, con lunares blancos, negros, café con leche... Camisas, camisetas, pañuelos, foulards, con lunares blancos, negros, dorados... Adoro los lunares.           Pero no voy a hablar de lunares, sino de la trampa del lenguaje. Hay un libro, un precioso libro, Introducción a la semántica francesa , de S. Ullman, que, bajo este título, habla, sobre todo, del acto de comunicación, los signos y los símbolos, la significación y el valor, el tabú y el eufemismo.            El tabú y el eufemismo, grandes hallazgos que ahora se han dado en llamar " lo políticamente correcto". Y he comenzado con mis lunares porq...

La importancia de la felicidad

          Acabo de ver en la tele un episodio de la serie El Comisario . A mí me viene bien que repongan en la programación de la mañana de la tele algunas series del año de la tos: No las había visto, y ahora tengo tiempo para todo, hasta para ver series. No tiene mucho mérito, porque me gustan todas las series de polis, de intriga y de hospitales, y no por ese orden. El caso es que en este episodio uno de los casos -siempre "colocan" dos casos para que, al menos, uno de ellos mantenga la intriga- trata del robo de un cuadro famoso escondido en España por un nazi "reciclado" por el régimen.           La trama incluye dos bandas distintas de ladrones, dos asesinatos y dos interesados en el cuadro: Uno, el heredero legítimo del cuadro robado (judío), y dos, el heredero del ladrón nazi, el único que sabía la historia del cuadro, " porque era el hijo varón " (sic).         Cuando detiene la policía al judí...

Vuelvo a ser yo!

           La semana pasada -el viernes, para ser exactos- tenía una cita para renovarme el carnet de identidad. Lo tenía caducado desde febrero, pero con el rollo del covid 19 tenía una maleta de cosas retrasadas: el dentista, el DNI, un cambio de cuenta en el banco, el veterinario (del perro, claro)...           Así que, en cuanto me vacunaron y pasaron los quince días de rigor, empecé a agobiarme con los recaditos, papeleos y otras gaitas que había ido dejando "por responsabilidad" (?)            El caso es que fui a Madrid a renovarme el carnet, un viernes 14. Por pelos, eh?, el trece. Pero dio igual. Porque, cuando llegué a a la cita, me encontré con que la foto de carnet que llevaba no me valía. Era antigua, dijeron. Como si a nuestra edad lo único que cambia no fuera el tono del pelo: Del castaño al gris o al rubio, del gris al blanco o al rubio otra vez. Pero no. Me mandaron a hac...

14 de Abril, Día de la República

          Ya sé que hoy no es 14 de abril. Y, desde que tenemos democracia, Constitución y Estado Social de Derecho, me importa muy poco que no haya República, por mucho que no me guste que se hereden las coronas. Más que nada, porque es irrelevante que los herederos se las merezcan o no. Son suyas. En fin, que no me interesa.           Pero es hora de que diga algo de la Segunda República, ya que no dije nada en el aniversario del 2020 en este blog. Este año, sí, hay tema. Pero va a ser un tema muy personal, como el blog mismo. Porque de lo que voy a hablar no es de esa Segunda República tan traída y llevada; tan moderna, por otra parte (Siempre nos machacan cuando levantamos la cresta: Los Comuneros contra Carlos V, los partidarios del archiduque de Austria contra Felipe V, los republicanos contra los golpistas en el 36, todos ellos ejemplos de la modernidad contra el oscurantismo, y siempre ganó el oscurantismo. Creo que con...

¡Vete al médico!

            Hace algunos años leí que los psicólogos habían puesto nombre al problema de esos niños que, como consiguen todo lo que quieren con sólo pedirlo, se aburren de todo. Lo llamaron "el síndrome de Midas" por aquel rey que convertía en oro todo lo que tocaba, con el funesto resultado de que murió de hambre, porque la comida también se transformaba en oro. Frustración pura.              Cuando iba al teatro con mi amiga Amparo (creo que en otra vida), vimos una obra muy crítica, muy ácida, muy cómica ( y muy simple): El número uno . Si no se llamaba así -porque no lo recuerdo- , era el título que se merecía. Porque toda la obra estaba centrada en tres únicos personajes y una raya en el suelo. La raya sólo servía para ponerse detrás y ser "el primero de la fila". Y a la raya la cambiaban de sitio los tres personajes, según iban discutiendo entre ellos, para ser "el primero de la fila", por el simple pr...

El 8 de marzo y Cervantes

          No puedo por menos que decir algo de este día, pero son tantas las cosas que se pueden contar, y tantas las cosas que faltan por hacer, que pensé, y descarté, unos cuantos comienzos y unas cuantas historias.           Como la de mi amiga Feli, del banco xxx, que un día contó cómo su padre, después de aprobar las oposiciones para trabajar en el banco, le negó el permiso para que trabajara, obligatorio entonces, porque su hija no trabajaría nunca mientras él pudiera mantenerla , y perdió la plaza... hasta que volvió a aprobar, años después, cuando fue mayor de edad.           O como la de mi amiga xxx, a la que su hermano un día pidió dinero para comprarse un coche nuevo y guay, y cuando ella le negó el préstamo, se puso furioso porque su idea de las mujeres de su familia era que tenían que vivir y trabajar para que él pudiera permitirse la vida que le gustaba. Hay que decir en su descargo ...