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Historias de Spotify

          Muchas veces, cuando me siento delante del ordenador, lo primero que hago es ponerme Spotify. Me enseñó mi hija, y me encanta, porque de vez en cuando dejo lo que estoy haciendo en la pantalla, me levanto y me pongo a bailar con la canción que tengo seleccionada en ese momento. Otras veces me hacen viajar a espacios remotos; remotos en el tiempo, porque con el ídem he llegado a comprobar que los lugares y los viajes nos aportan, nadie lo duda, pero vamos a todos los sitios con nuestra mochila, como diría Marta. Así que, según el "color de mi aura" -vamos a llamarlo así- en el momento que esté, me pongo la lista de Spotify que encaja. Y hoy, no sé por qué, me han tocado las canciones de amor. Que no son tales, porque las más son de desamores, porque, realmente, hay cuatro o cinco desamores -por lo menos- por cada amor; entre otras cosas, porque el amor dura, y el desamor, no. Así que, en el tiempo, pueden caber muchos, muchísimos en el único tiempo...

Paguitas? Personas? Cómo lo llamas tú?

           Ayer vino "la niña" a pasar el finde, y nos pusimos a hablar de cómo iba su trabajo -que es investigación en Ciencias Sociales- : Ahora, en vivo y en directo, están ultimando un informe sobre los perceptores del Ingreso Mínimo Vital. Y nos enzarzamos a comentar cuestiones varias que, a falta de otro foro -que ni falta que hace, porque estoy muy contenta con éste-, me desahogo aquí. Porque hay mucha tela que cortar.           Pero no voy a la teoría. Ni siquiera a la práctica. Lo que me ha removido la memoria (y la conciencia) son los temas morales y humanos del asunto. Porque no es una cuestión de poder vivir, que también, sino, como han apuntado algunos de los que han hablado sobre el asunto, es una cuestión de dignidad. De no perder la condición de personas. De preservar el espíritu. Y, como no quiero hacer discursos, simplemente contaré lo que viví.         Cuando estaba en el Centro ...

Algo más que flores

            Todo el mundo (o casi) ha visto ET, y todo el mundo reconoce la expresión " Mi caaasaaa ", dedo enhiesto, mirando a una lejana estrella de una lejana galaxia. Pero como yo no soy todo el mundo, mi expresión favorita es " Mi jardíííín ". Y tengo mis razones.          Cuando Salva y yo compramos una casa en Cerceda, mi tío Santiago, que vivía en el pueblo de al lado, fue nuestro primer jardinero/asesor/esclavo. Aunque lo de esclavo es realmente un exceso, porque se definía mejor con la palabra autócrata: Llegaba con su coche, siempre sin avisar; se apeaba, "aparcaba"a la tía Nati salud ándonos a la carrera, sacaba del maletero unos pantalones de faena, una azada y lo especial que trajera aquel día, y, sin encomendarse al Dios ni al diablo, comenzaba a cavar en algún rincón de nuestro jardín. Terminado el hoyo, sacaba de algún lugar que no habíamos controlado alguna varita, esqueje, plantón o bulbo, y sólo cuando había...

Otra vez Navidad

          Ahora que se acerca la navidad, recuerdo otras fiestas y tengo sentimientos contradictorios, quizás porque mi hija me ha pedido que recuerde mi infancia y juventud, no sé si para entenderme mejor o porque, como soy vieja, le doy acceso a un mundo desconocido que no puede compartir con sus amigas, de padres mucho más jóvenes que yo.            Porque en la España que nos ha tocado vivir, y en esta época, diez años de diferencia entre los padres de sus amigas y nosotros es mucha diferencia: De la noche al día, como se suele decir, o, para entendernos, de vivir (su padre y yo) los años sesenta con diez años -partícipes del cambio de país aislado (pobre) a país turístico (rico) -, a vivir los años setenta con diez años, como los padres de sus amigas, que vivieron la transición en el colegio. Mi hija se dio cuenta de la diferencia un día que el profesor de Historia en el instituto preguntó si alguien sabía quiénes era...

Dios está con nosotros

              P rometo no volver a hablar de política hasta el año que viene.  Y me está costando mucho esta entrada, que llevo redactando, cambiando, perfilando, limando, todo lo que ha durado hasta ahora la invasión de Gaza. Pero aunque no sirva para nada, cosa que ya sé, siento la obligación de no callarme, así que escritura automática, allá va, ni repasar ni corregir, porque creo que nunca voy a quedar contenta con lo que escriba en esta página. Mi indignación está muy peleada en este momento con mi decisión de no hacer política desde este altavoz, que tampoco es altavoz, un mero intercambio de emociones -y a veces opiniones- con algunos amigos. viejos y nuevos               Hasta el infinito y más allá, decían en la peli de Disney, y hasta el infinito y más allá llegan la estupidez y el fanatismo de las dos partes en el conflicto Hamás-Israel, aunque lo de Israel tiene más historia; después de...

Domingos de lluvia, tardes de chocolate

           Hace algunas horas que llueve. Hace algunos días que llueve, en realidad, aunque es algo llevadero: Llueve por la mañana, hasta las dos de la tarde más o menos, y llueve por la noche, lo que me deja tiempo para dar mi paseo vespertino con mi perro a una temperatura muy agradable, porque ya se sabe que, cuando llueve, no hace frío. Así que, hasta hoy, todo era perfecto, porque realmente hace falta que llueva.            Pero h oy ha sido diferente. Porque hoy, cuando he salido a dar mi paseo con Niche (se llama Niche porque mi hija, cuando lo vio, decidió que tenía cara de filósofo alemán enfadado) había una llovizna desagradable, de las que te calan y pillas una buena gripe. Así que vuelta a casa, a una tarde oscura, porque acaban de cambiar la hora, y un nada que hacer porq1ue nos han roto la rutina. Y entonces me he acordado de otras tardes iguales en Lavapiés, cuando era jovencita. Porque entonces llovía más, y no...

Arturo Pérez Reverte

          En mi móvil me aparecen, sin saber yo cómo, una serie de noticias que tampoco sé quién selecciona, sobre temas que no sé cómo alguien sabe que me interesan. La verdad es que no tienen mucha idea, porque algunos me interesan pero otros, no. En concreto, no me interesaban nada los últimos ·me gusta" que le han dedicado muchos de sus seguidores a un comentario -también en internet- de Arturo Pérez Reverte. Pero lo leí. Y me pareció indignante, ignorante y soberbio, por no calificarlo de otras maneras: Una es educada ante todo.            El tema central del comentario en cuestión era, en palabras del propio Pérez Reverte, que " La Academia se está impregnando de la cobardía de los últimos tiempos. Por miedo a la presión social se calla demasiado a menudo... No quieren complicarse la vida..." Y la polémica continúa : "Fue entonces cuando un usuario le planteó: Sería tan amable de explicarnos para qué sirve la valentí...

Lo que nos define

            Estoy delante del ordenador con dos tubitos en mi nariz regalo de la sanidad pública justamente para mi sesenta y ocho cumpleaños, y la verdad es que, después de poco más de un mes, me siento cómoda con ellos. Y no es porque no haya pasado por las etapas, que -supongo- ya estarán estudiadas, de un shock ante una enfermedad ¿grave?: La incredulidad -le discutí a la médica por qué yo, que estaba estupenda, tenía que soportar aquella condena (dicho en poético, por qué tenía que estar amarrada al duro banco de la galera turquesca, Góngora dixit). La depresión: Salí con la lagrimita cayéndome, antes de que la viera mi marido -que no había podido entrar a la consulta- pensando que mi pobre hija iba a quedarse huerfanita demasiado joven (ni un pensamiento a mí o a mi marido, todo hay que decirlo). La adaptación, que fue la más interesante, con flashes de mi boda, de mis lecturas románticas de novelas medievales, de mi infancia con mi primer tocadi...

La realidad es bella cuando la cuenta la literatura

                 Hubo una vez un carpintero que hizo una jaula, la más bella del mundo. Todo el pueblo fue a verla cuando la colgó de su puerta, de lo bella que era, y alguno la quiso comprar, pero ya estaba comprometida: Era para el hijo del cacique local. Pero cuando el carpintero la llevó a la casa del hacendado, éste la mandó de vuelta y no la quiso comprar. Nadie había contado con él, y eso no le había gustado.                 El carpintero, entonces, herido en su orgullo porque había dicho a todo el pueblo que la jaula estaba vendida, y porque había dado su palabra de hacerla y la otra parte no había cumplido la suya de aceptarla, respondió: " No importa. La hice expresamente para regalársela a Pepe. No pensaba cobrar nada".  Entonces saltó el orgullo del poderoso, con un: " Estúpido. Lo último que faltaba es que un cualquiera venga a dar órdenes en mi casa".  No podía ser...

Patatas con bacalao

           Hace tiempo que busco la receta de patatas con bacalao de mi abuela, sin encontrarla. A mi madre no le gustaba la cocina y sólo comenzó a cocinar -tirando mucho de filete, que era lo cómodo- cuando mi abuela murió, más o menos a la edad que yo tengo ahora. Pero nunca aprendió lo que mi abuela podía enseñarle, porque aprovechó para desaparecer de casa y largarse a trabajar, primero con mi padre en la misma pescadería y después en diferentes tiendas que fueron comprando con un sistema que supongo era clásico en aquellos años, los sesenta y setenta: Abrías una tienda, y contratabas empleados; para un comercio mediano, con dos o tres tenías bastante. Cuando alguno destacaba, le "interesabas" en el negocio, es decir, pactabas con él un tanto por ciento de los beneficios, antes de que la competencia le ofreciera algo mejor, y, a partir de ahí, ya era sólo cuestión de tiempo que te planteara quedarse con la tienda o marcharse a poner la suya propia. Y v...

Cuánto hace que no hablo de libros?

        Estoy leyendo La forja de un rebelde , la novela mítica de Arturo Barea. Bueno, mítica para los jóvenes de izquierda en los años setenta, como era yo. Precisamente la estoy leyendo ahora, y no entonces, porque siempre me han dado mucha prevención los libros fetiche, como era éste. Y no es que hubiera pocos: Estaban Siddhartha y El lobo estepario , de Hermann Hesse, tan tontitos, tontitos, sobre todo Siddhartha , reduciendo toda una filosofía a cuatro bobadas; y Rebelión en la granja , de Orwell,  magistral, para leer y releer sin cansarse; y Los principios fundamentales del materialismo histórico , de Marta Harnecker, libro plomo donde los haya, que hace una especie de catecismo autoritario de la ideología marxista; y La madre ,  de Máximo Gorki, terrible propaganda de sacrificios "por la causa"; y el Poema Pedagógico de Antón Makarenko, narración de un experimento pionero en educación con delincuentes juveniles; y  Rayuela, Cien años d...

Memoria traidora

    Después de mi comentario en este blog sobre los domingos de mi infancia, y guasapeando con mi prima (una de mis primas, sin nombres) sobre las paellas de los domingos, hablamos de que la rutina en su casa también era misa, aperitivo de boquerones en vinagre en el bar del barrio y paella.          Misa... La misa del domingo... Cómo se me pudo olvidar la misa del domingo, si yo también la tenía integrada en mi rutina festiva? Y entonces comencé a recordar algunas anécdotas, propias y ajenas, sobre los olvidos interesados. Porque los psicólogos, los médicos -o ninguno de ellos y son otros los especialistas implicados-,  ya tienen una teoría sobre qué olvidamos  y por qué. Y lo que olvidamos son dos tipos de cosas: Las que no nos aportan, y las que necesitamos olvidar porque no podemos entenderlas, asimilarlas, integrarlas, cada uno que le ponga el verbo que le plazca.           Entre las primeras está mi M...

Cortarse el pelo

              Hago este espich en honor de mis dos peluqueras, que s e atreven a peinarme y cortarme el pelo como les digo, cuando casi siempre me han tomado por loca en otras pelus. Y les queda muy bien. Fantásticas! Y ahora va el espich                   No sé si mucha gente se habrá dado cuenta, pero con los pelos del personal se ha hecho de todo. Tomemos el ejemplo de la Biblia: Sansón, seducido por Dalila, pierde su fuerza al perder su pelo (por confiar en una mujer impía (im-pía, no-piadosa, qué bonito para decir no-judía). Pero más tarde, al arrepentirse, consigue derribar el tempo de Gaza donde le habían llevado, librando al pueblo de Israel de sus enemigos filisteos. Y Absalón, hijo de David, cuando se rebela contra su padre, pierde una batalla y al huir al galope su pelo se le enreda en una encina, permitiendo que le alcancen sus enemigos. Dos historias de pelos que ponen los nuestro...

Qué asco, otra vez jamón!

           Hace algunos días hicimos una "comida de primas" en la familia. Hablamos de maridos (les cortamos unos estupendos trajes 😂), de nietos (las que los tenían), de asuntos varios... y de comida. Y salió la paella, que, aparentemente, es un plato favorito entre nuestros allegados... o no. Porque otra prima y yo coincidimos en nuestra falta de afición hacia los granitos amarillos. Pero parece ser que somos minoría. Y, recordando, recordé por qué odiaba este plato, y por qué, cuando en casa veía el bocadillo que me ponían para llevar al cole, siempre exclamaba: "Qué asco, otra vez jamón"         Pero empecemos por la paella. Cuando era niña, la rutina de los domingos por la mañana en casa era lo mejor: Mi padre nos cogía a mi hermano y a mí y nos llevaba a un bar del  Callejón del Gato  llamado  El Club  y regentado por Vicente y Luisa, dos gordos y sonrientes hosteleros que, según nos veían llegar, nos saca...

Cine, cine y más cine

                Ahora veo cine en las plataformas. No es que me haya acostumbrado por la pandemia, como tanta otra gente; es que, desde que no vivo en el foro, se me hace cuesta arriba, muy cuesta arriba, ir al cine a horas intempestivas, sola -para mí, ir al cine es a las siete de la tarde, y luego tomar algo con las amigas o amigos que han ido conmigo para comentar cualquier cosa-, y salir corriendo después para no llegar a mi casa en la sierra demasiado tarde. De hecho, trabajé durante nueve años a tres metros escasos de los cines Golem, y todos los días me hacía el propósito de meterme en el cine a ver cualquier peli al salir del trabajo. En nueve años, jamás lo hice: Estaba cansada, no había ninguna peli interesante, tenía cosas que hacer en casa... Excusas mil. No me apetecía ver una peli sin nadie con quien comentarla después.                La tele es distinto. En la tele, te enchufas ...

A la vejez, viruelas

            A la vejez, viruelas: Nunca quise preguntar qué significaba este dicho porque me parecía tan sentencioso, que me sentía muy paleta por no saber interpretarlo. Hasta que, con la edad y viendo cuándo lo decían mis mayores, me di cuenta: Servía para criticar aquellos comportamientos propios de los jóvenes cuando no eran precisamente jóvenes los protagonistas. Porque, claro, las viruelas eran una enfermedad de juventud, como el acné, las paperas o el sarampión, y, por tanto, era impropia su aparición en un viejo, llámense viruelas o enamoramientos, comportamientos juerguistas o cualquier actitud poco edificante para alguien "de respeto".          Pero a mí me ha tocado este dicho de "a la vejez, viruelas", y feliz de poder disfrutarlo. Porque debo de ser una de las pocas privilegiadas que van a mejorar su salud con la edad en lugar de empeorarla. Sí, tengo asma. Y sí, estoy feliz. Feliz de tener asma, pero, sobre todo, ...

Una fiesta en blanco y negro

            Hace pocos días me pidió mi hija que le escribiera cómo era este país cuando yo era pequeña, porque no tiene demasiadas referencias del pasado: Las cosas han cambiado tanto que no puedes imaginarte cómo era por lo que ves ahora, ni los mayores hablamos de ello, así que la nueva generación no tiene recuerdos, ni siquiera prestados. También es verdad que nosotros -sus padres, me refiero- tenemos más años que la mayoría de los padres de sus amigos/as, así que justito justito nos tocó vivir la transición, no sólo política, sino también la económica, la de los años sesenta, y lo podemos contar. Sobre todo yo, que he pasado por toda la escala social: Desde un pisito de cincuenta metros en Lavapiés donde vivíamos ocho personas, con niños jugando a la pelota en la calle y vecinas que se asomaban al balcón y tocaban diana al grito de Pepitooooo, A comer !, hasta mi vida tranquila en una urbanización de la sierra ahora, de jubilada.    ...

¿Y qué digo yo del Día del Libro?

            Hace días que tengo en la cabeza el runrún de que debería escribir una entrada para el blog, porque ya hay espacio temporal desde la última; pero no me decidía entre el tema Anita Obregón, también llamada Antoñita la Fantástica y, creo que más propio, nuestro espantapájaros patrio, vistos los esperpentos mediáticos de los que es protagonista últimamente (pero también antes, aunque tenían cierto morbo sin ser ya dolorosamente seniles, como este último), y el último libro que estoy leyendo, mal llamado Malas  porque trata de la historia del feminismo, es decir, de cómo las mujeres en los últimos tiempos se han pasado por el forro lo que se esperaba de ellas y cómo han salido ganando -relativamente-.          Así que me ha pillado el toro y he llegado al Día del Libro sin una mísera entrada en el blog en lo que va de mes. Y no es que tenga grandes ideas para este día, es que he entrado en el ordenador a jugar mi p...