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Amigas

Mi hija hoy me ha instalado spotyfy: Tenía muchas ganas de recuperar algunas canciones de los setenta que no guardo en disco, ahora llamado vinilo. Porque me gusta tener físicamente las cosas en casa, a mi alcance; y, como en los años setenta tenía dinero y pocos gastos, pude hacerme con una discoteca que no estaba mal; todavía no está mal, a pesar de la cantidad de ejemplares que presté, perdí o se estropearon en traslados, obras y otros eventos de ingrato recuerdo. A partir de mediados de los ochenta dejé de oír la radio, fundamental para estar al día, y mis compras se fueron espaciando con alguna honrosa excepción, como Mecano o Sabina. Pero mis gustos y pertenencias se quedaron anclados en los cantautores -chilenos y españoles-, en un extremo, y la música anglosajona de los setenta -todavía no la música-disco, justo la anterior- por el otro. Caso aparte era Miguel Ríos, que no encajaba en ninguna de las dos categorías y era uno de los grandes. Los músicos de la movida ya se me q...

George Floyd

No sé muy bien cómo empezar a escribir hoy, porque tengo sentimientos encontrados, tanto de  tristeza como de alegría. Y no sé cómo se leerá ahora o dentro de un tiempo esto de tener sentimientos de alegría por la muerte de un afroamericano -negro americano, si dejamos los eufemismos a un lado y ponemos las cosas claras- a manos de la policía -blanca, no sea que los policías negros no sean ortodoxos con el orden establecido; es decir, no sean racistas con sus hermanos negros-. Mi alegría no tiene un origen espurio: Es nítida, genuina; no tiene doblez. Porque viene de la alegría que da ver cómo el tiempo ha traído un cambio social para mejor. Y es una mejoría, porque la falta de juicio es una enfermedad, y su recuperación para quien lo perdió o su adquisición para quien no lo tuvo antes es una mejoría. Es un sentimiento genuino. Se refieren al sentimiento que me ha cortado la respiración, porque lo llevaba esperando muchos años, cuando vi que, al margen de lo que hubiera hecho el...

Doña Carmen y los Hermanos Valdés

Doña Carmen era la directora de mi colegio. Todos los primeros de mes nos daba personalmente las notas a las niñas de Primaria: Iba pasando clase por clase, con su traje de chaqueta y sus tacones, bajita, delgada e impecable; saludaba a la maestra, que de tanto en cuanto le bisbiseaba algo, lo relevante del mes, y comenzaba la ceremonia: Nombraba a la alumna que tocaba, por riguroso orden de puntos; abarcaba las notas con una ojeada; decía algo agradable, o de ánimo, a casi todas; dedicaba un discursito, corto -que tenía que pasar por muchas aulas-, al final de la ceremonia, se despedía de la maestra y se iba muy derecha, taconeando muy firme y con aquella permanente de la que no se salía ni un pelo, exactamente como todas las piezas del Colegio Femenino San Estanislao de Kostka, mi colegio. Doña Carmen y Don Felipe, con mayúscula ambos Don, eran un matrimonio de maestros que se lanzaron a la aventura de crear un colegio alquilando un piso en la calle de Santa Isabel, barrio de Atoc...

El ascensor

No me gustan los ascensores. Naturalmente, cuando trabajaba en la Agencia de Medio Ambiente de Madrid, que estaba en un noveno piso, subí en ascensor...a veces. Después de aquello, y según he ido cumpliendo años, he reducido mis principios en lo referente a los ascensores: no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un quinto piso; no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un cuarto piso; no utilizarlo a no ser que hubiera que subir a un tercer piso... Pero, a pesar de todas mis concesiones,  nunca pude entrar en aquella caja sin una más que segura prevención hacia el cacharro. Cacharro, sí: Oscila, hace ruidos, cuando es antiguo; te deja un vacío en el estómago cuando va deprisa - los moderno-; provoca un vértigo espantoso si es exterior y se ve la ciudad a través de sus paredes de cristal...  Así que, para mí, que no puedo separar los pies del suelo, ni siquiera metafóricamente, sin una tremenda angustia; que tengo vértigo desde que recuerdo; que me asedia la ...

Domingo

Si no estrenas nada /en el Domingo de Ramos/ o no tienes pies / o no tienes manos. Esto se decía cuando yo era pequeña; me lo recordó ayer Salva, cuando le comenté que tenía una noción vaga sobre zapatos nuevos y el Domingo de Ramos. Zapatos nuevos y palmas en el balcón, unas discretas, con un pequeño lazo y basta, pero otras coloridas, barrocas, que no en vano en nuestra calle había mucho andaluz, mucho extremeño, mucha gente del sur, del sol, de los gritos de balcón a balcón, de lo extremo, también -sobre todo- en la fiesta como en el drama.  Muy diferente de lo que siento ahora, que no es nada nebuloso y que se podría resumir así: Cuarto domingo de quedatencasa. Lo que me ha llevado a pensar si los otros domingos de mi vida han sido muy diferentes. Y sí, lo han sido, pero no me libero de la sensación de que el domingo es un día anodino, tonto, fuera del control de la rutina, pero no por ello memorable -de memoria , lo que recordamos-, ni especialmente feliz. Aunque he tenid...

El motor de curvatura

Reconozco que soy una fan de la ciencia ficción; y, como buena fan de ciencia ficción, lo soy, y mucho, de Star Trek, la serie de televisión que, en mi adolescencia, y siendo de lo que entonces se llamaba letras, me descubrió qué era una paradoja, me hizo viajar por lugares increíbles, me abrió la mente a otras culturas, aunque fueran alienígenas, y, sobre todo, me convenció de que, cuando la Humanidad descubriera el motor de curvatura y tuviéramos la certeza de que no estábamos solos, se acabarían las guerras y viviríamos en paz. Así que, ahora, espero que el motor de curvatura que se acaba de descubrir no sea un fiasco. Porque, de hecho, el coronavirus, esta pandemia que se ha presentado como otro jinete del apocalipsis, es el motor de curvatura que está al alcance de la humanidad, a día de hoy. Y si no, fijaros bien: En los años setenta el lema de la contaminación en la Unión Europea -que no se llamaba Unión Europea- era El que contamina, paga , como si no hubiera más consecuen...

Otro 8 de Marzo

Esta mañana puse la tele mientras desayunaba (no diré a qué hora) y, haciendo zapping, encontré una antigua serie que veía con mi hija hace unos quince años: Compañeros. U na serie en la que se cuentan las peripecias de una pandilla de chicos de instituto, muy recomendable. Y en el capítulo de hoy, casualidades de la vida, en el cole se representaba la escena final de Casablanca . Y digo casualidades de la vida porque ayer fue el Día de la Mujer Trabajadora, y, cuando vi Casablanca , mi reacción ante aquel final absurdo fue: Esto le pasa a Elsa por decirle a Rick "Piensa tú por mí".  No diría nada de Casablanca que no se haya dicho ya. En mi generación, frases de la peli como ¿ Son cañones, o los latidos de mi corazón?, Este es el principio de una  gran amistad, Siempre nos quedará París, pertenecían al mundo de lo cotidiano, y se decían para cualquier cosa: en serio, de broma y en mediopensionista.  Y sin embargo, nos acordamos del nombre de Rick, pero a ella la lla...

Elefantes

Creo que fue Platón quien contó la fábula de los ciegos que se imaginaron al elefante según el lugar de su cuerpo que tocaban para explicar que la realidad es así, que todo depende de qué parte es la que tenemos al alcance de nuestra mano. La verdad es que hace tiempo que quiero contar una romántica historia de dos caras que tiene mucho que ver con esto del lado de la realidad en el que está cada uno, pero se me ha ido complicando, porque, cada vez que lo intento,  tengo más historias que contar que la vez anterior. Porque las distintas caras de una misma historia  han dado mucho juego en literatura, por ejemplo, hasta crear un género propio, la novela circular; y sin los diferentes modos de ver lo mismo no existirían el racismo, la xenofobia, las guerras... Claro que todavía tendríamos que lidiar con las pandemias, el hambre y la muerte, que se me ocurra así a bote pronto; y ya sé que no es poco, pero el mundo sería distinto. Total, que yo tenía una historia y ahora tengo...

Una especie a extinguir

          Subí por primera vez a Barcelona a finales de los años setenta, a casa de la hermana de una amiga que me alojó con ella, en el barrio gótico, durante quince días perfectos. La hermana de mi amiga tenía un piso pequeño al que no hacía mucho caso, pero donde guardaba algún que otro tesoro, aunque no eran tesoros al uso, sino suyos propios, que, para mi gran ¿suerte? ¿felicidad? no sé cómo llamarlo, coincidían con mis propios tesoros: Libros.            Los tenía dentro de un aparador, y, en cuanto comencé a hojearlos descubrí que los títulos y los autores me eran desconocidos (¡Qué maravilla!): Tenía un filón que explorar, y quince días para hacerlo. Así que, entre Parque Güell y Sagrada Familia por la mañana y ginebras con limón en el Ensanche escuchando jazz en vivo a las 20 p.m., en la hora de la siesta me sentaba en el salón de aquella casa de muñecas y me empapaba, una página tras otra, del simple arte de m...

Caos

Cuando inicié este blog, lo único que me interesaba era hablar; o escribir, es lo mismo. Pero no tenía muy claro de qué, aunque sí tenía la vaga sospecha de que cansarme, lo que se dice cansarme, no iba a ser un problema; es decir, iba a tener blog para rato. Pero me costó. No estaba yo para muchas florituras, así que arranqué poco a poco, y sólo me ponía delante del ordenador cuando un tema me atropellaba. Pero el vicio es el vicio, y el de hablar es uno de los peores: Al principio sólo hablas, pero en seguida pretendes que te escuchen, y los oyentes -reales o imaginarios- retroalimentan la necesidad de hablar, porque ya no lo necesitas tú, sino que lo "necesitan" tus oyentes, que están esperando tu opinión sobre los temas más peregrinos. Así que he ido acelerando y, cuando me he dado cuenta, estaba pergeñando nuevos temas para desarrollar en nuevas entradas del blog, siguiendo el consejo que me dio mi prima Conchi, hace muchos años, un día que hablábamos del colegio y ...

Novelas, seriales, novelerías

Las novelas de la tele son terribles. Venezolanas o turcas, todas tratan de amores, encuentros y desencuentros, con el mismo fondo romántico que la novela "María", muy popular entre las jovencitas cuando yo lo era, y que se estudia (o se estudiaba) en las facultades de Letras como arquetipo de cierta novela, aquella en la que se desarrolla una historia de amor imposible sin contexto: Lo mismo puede ocurrir en un país que en otro, en una época que en otra, en una clase social que en otra; pero no porque el amor sea universal, sino porque faltan ambiente, personajes secundarios, época, color local, y sobran los estereotipos, más a menudo los de Cenicienta (chica pobre) que los de Blancanieves (chica rica). Esto de las novelas es de toda la vida: Los Amores de Teógenes y Cariclea, del siglo III después de Cristo, es ya igualita que las de ahora: un par de enamorados que tienen que superar obstáculos sin cuento (cuento de contar, es decir, incontables obstáculos; pero a que qu...

Revisando a Marx

Hace poco tiempo me di cuenta de que olvidaba los nombres de las cosas. Empecé olvidando los nombres de famosos, seguí olvidando otros nombres conocidos y, por fin, empecé a olvidar los nombres de las cosas más cotidianas. No es alzheimer, me dijeron, sino (aquí una palabra que también he olvidado). Así que, para prevenir, comencé a hacer ejercicios de memoria: sudokus, poemas...  Y se me ocurrió apuntar nombres de cosas y actividades que había aprendido durante mi vida laboral; nombres como michinal, escandallo, paramento, retranqueo, y también heredero por estirpe , servidumbre de paso ... Porque, gracias a ser funcionaria una gran parte de mi vida, he cambiado muchísimo de trabajo, he "tocado muchos palillos", como decía mi madre: Me he divertido, en suma. Porque he cambiado de trabajo cuando ya no tenía nada que aprender del sitio nuevo, es decir, cuando me empezaba a aburrir. Los puestos nuevos tienen varias fases: en la primera, te adaptas al modo de hacer las cosas...

Irrepetibles setenta

Ayer Ferreras, en La Secta , emitió un reportaje sobre el nuevo gobierno de coalición PSOE-Podemos. Era muy humorístico, de buen rollo, como suele ser todo entre gente pacífica, como somos los rojos. Porque nos siguen llamando rojos, y no nos dicen aquello de "Pues si eres comunista, vete a Rusia" que oímos hasta el aburrimiento en los años setenta, porque no sirvió para nada, y no nos fuimos nadie hasta que echaron a otros jóvenes distintos en este siglo por aquello del paro; pero eso es otra historia. Como decía, Ferreras hizo un reportaje sobre el nuevo gobierno y el teatro bufo que ha hecho la derecha. Y para la banda sonora eligió, entre otros temas bien escogidos, la canción de la Nueva Trova Cubana Hasta siempre. Y se oyó en el reportaje exactamente lo que nos ponía en pie a los "rojos", la estrofa que decía: " Seguiremos adelante / como junto a tí seguimos / y con Fidel te decimos / ¡Hasta siempre, comandante!" . Y me vi otra vez en el teatro...

¿Tienes sal?

Hace un par de días oí que una ciudadana bienintencionada, sintiendo nostalgia de la vida de barrio, había creado una página que se llamaba ¿ Tienes sal ? para poner en contacto a gente que quisiera compartir algo y no se conociera. Hasta ahí, perfecto. La iniciativa parece que ha tenido éxito, y es una buena noticia que la gente quiera compartir, ayudarse, en fin, relacionarse. Lo que me puso furiosa fue oír que con ello quería "revivir" la vida de barrio, tal y como ella se figuraba que había sido antaño; porque, evidentemente, ella no tiene edad para haber vivido los barrios tal y como eran en la época que añora. Si los hubiera vivido, jamás habría dicho tamaña tontería, a saber, que los barrios eran unos lugares amigables, solidarios, donde los vecinos se conocían y se apoyaban, los que convivían en tu calle, tu manzana, los tenderos de los puestos del mercado, los feligreses de tu parroquia, y todos eran buenos y bonitos y baratos y estaban deseando echarte una mano e...

¿Helados, o "calentitos"?

El señor Juan era un personaje que aparecía en mi casa de la calle Baltasar Bachero, en Madrid, sólo el día de nochebuena. Venía con su traje, creo que gris, y una cajita de pastas que mi madre siempre decía, al recibirlas, "No tenía que haberse molestado", y nos sentábamos a cenar en el comedor, todos muy formales.  El comedor era una habitación de 10 o 12 metros cuadrados en una casa de 60 donde vivíamos 8 personas, y era un lugar frío, con la puerta siempre cerrada, que debía reservarse perfecto porque era "para las visitas". Además de para las visitas, en aquel comedor mi padre hacía las cuentas de la tienda con mi tío Eduardo, una vez al mes, y entonces había una ráfaga de aire frío en invierno que traspasaba toda la casa cuando se abría la puerta, por lo que las "cuentas", asociadas a aquella desventura polar, siguió siendo un territorio ignoto y muy poco atractivo durante muchos años. Pues bien, el señor Juan llegaba en nochebuena con su cajita...

Navidad, dulce navidad

Hoy he visto un conejo en mi jardín. Paseaba dando saltitos por el césped de la piscina, intentando comer la hierba artificial y mirando después de cada intento al tendido, antes de dar otro saltito y seguir avanzando.  He llamado a Salva para que lo viera y no me llamara loca, y me he abalanzado sobre el móvil para sacarle una foto, pero era tarde: el conejo ya no está, como en el juego infantil. Y recordando el juego infantil (El conejo no está aquí/, se ha marchado esta mañana / a la hora de dormir./ ¡Pum!, ya está aquí), he saltado, como el conejo, a la cabrita de Pedro, el amigo de Heidi, que también triscaba, y de Heidi a Mujercitas, que también era historia obligada en Navidad, y ahí ya me han envuelto las fiestas y he decidido que no, que todavía no voy a agobiarme con qué adornos pongo este año.  Porque a los niños pequeños les gustan los adornos y los lazos y las bolas de colores y tendremos niños pequeños en casa en alguna comida, pero las vacaciones en las que...

Sesión continua

Alguna vez he dicho que el colmo de mi felicidad sería vivir en el mismo edificio que un cine. Pero no un cine cualquiera: un cine de barrio, de los de sesión continua. Ya sé que llevo muy pocas entradas en este blog y que la primera -o la segunda, ya no recuerdo- también hablo de cine, pero no  lo puedo remediar: las pelis y las novelas son mis ventanas hacia otros mundos igual de misteriosos que éste. Tampoco penséis que éste es más fácil, más lógico o más infeliz. Pero la aventura es la aventura, y la aventura da la felicidad; sólo hay que quitarle la a del principio: ventura. Y mi reciente ventura ha sido descubrir un canal de televisión -sí, televisión- que "da" pelis casi todo el día, pero pelis bonitas. Nos hemos acostumbrado tanto al modelo de cine  con sagas de tres, cuatro y cinco secuelas, precuelas y todo tipo de apéndices, que tenemos que hacer un esfuerzo para recordar que todavía existe el otro cine, el que cuenta historias. Ese que da golpes que no son ma...

Socialistas

Estaba yo esperando mi turno en la oficina de la Seguridad Social, en la calle Cedaceros de Madrid, y pensando en las musarañas, cuando por fin vi mi número en las pantallas y me acerqué a la mesa nueve. Era julio, así que no me agobiaban abrigos o chaquetas; solté encima de la mesa el bolso y el libro que siempre llevo, por si alguna vez se me ocurre abrirlo en el viaje hasta Madrid. No es algo que suela pasar, porque, aunque el viaje desde mi pueblo -a 50 km de la capitáshh- dura cuarenta minutos, el paisaje del invierno, o el del verano, o el de otoño o primavera, me entretienen, y, cuando me doy cuenta, ya estoy en el intercambiador de Moncloa. Así que el libro de turno se pasea, coge cierto barniz cosmopolita  y vuelve a casa, a la mesa del salón, hasta el siguiente viaje o hasta la tarde tranquila en que, por fin, avanza el marcapáginas. Había ido a tramitar mi jubilación voluntaria -anticipada- y esperaba que la funcionaria de turno me diera la brasa sobre el dinero q...

Decía Einstein...

Cuando me la explicaron, entendí que la teoría de la relatividad de Einstein decía que, si vas muy deprisa, el tiempo se estira. Y la reina de Alicia en el País de las Maravillas decía que, para no moverte, debes correr todo lo que puedas. Lo que no dicen ninguno de los dos es, si te paras, a dónde vas, o cuánto se encoge, si el tiempo se encoge. Y sí, se encoge. Mucho. Doy fe. Yo tenía algún plan para el momento de jubilarme. No muchos, simplemente hacer la lista de cosas que aparcas para cuando tenga tiempo : pintar, pasear, cuidar el jardín, ir a clase de piano... lo de siempre. Y propósitos sí que me hice: tengo un puzze a medio hacer, un espejo a medio pintar, un sillón con varias telas encima a la espera de decidir con cuál lo tapizo... Y al perro, el pobre perro, mirándome todos los días con cara suplicante, esperando verme coger la correa.  Estaba todo planificado: hasta las diez de la mañana, hacer el vago para no empezar a trabajar demasiado pronto, no sea que me c...

Mi primo

A mi primo su madre lo llamó por su diminutivo toda la vida. Cosas de madres. En su familia, como supongo que en la mayoría, ha habido Nenas y Niños, Itos, Ines y Uchis hasta los sesenta y más.  Mi primo fue el primer niño de la familia que tuvo un tacatá: Recuerdo a aquel enano empujando el tacatá por un pasillo, inclinado hacia adelante para darle impulso y corriendo como un loco hasta que el tacatá se estrellaba contra una pared o una puerta. Y a las cuñadas comentando a su madre que el niño no aprendería a andar mientras le ayudara aquel trasto. En su familia las novedades no eran bien recibidas. Y ahora está muerto. No se ha ido, ni nos ha dejado. Se ha muerto. No va a volver. Los eufemismos son para que las cosas parezcan menos definitivas, o menos trágicas. Y la muerte es ambas cosas, y no vale disimular. Fue un infarto, el último de muchos que se vieron en la autopsia, porque él no los vio. El estaba feliz y tranquilo desde que había dejado la casa de sus padres: a sus ...